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» » » ¿Se va demasiado lejos con las metáforas en la ciencia?

Las metáforas influyen en la manera que pensamos. En un artículo publicado en PLoS ONE, Paul Thibodeau y Lera Boroditsky, psicólogos de la Universidad de Stanford en California, muestran que las personas aprueban diferentes respuestas a la delincuencia cuando es presentada como una ‘bestia’ o como un ‘virus’ causando estragos en la sociedad [1]. En el primer caso, lo más probable es que se clame por hacer cumplir la ley a rajatabla, mientras que en el segundo, se esté más abierto a otras soluciones, como la rehabilitación y la comprensión de causas fundamentales.

Quizá el aspecto más sorprendente de este estudio es que los participantes no eran conscientes de cómo el contexto metafórico afectaba a su razonamiento. En lugar de reconocer el efecto de imagen, hallaron la manera de racionalizar sus decisiones sobre la base de información en apariencia objetiva, como las estadísticas. "Lejos de ser mera retórica", afirman Thibodeau y Boroditsky, "las metáforas poseen una profunda influencia sobre la forma en que conceptualizamos y actuamos con respecto a importantes cuestiones sociales."

Demostrar y cuantificar esto resulta valioso e importante, ya que pone de relieve algo que los políticos y sus asesores nunca han dudado. Si hay algo que aún no reconocen es que las metáforas influyen en la opinión, y aún es un misterio cómo lo hacen.

No es difícil entender que visto 'el delito como una bestia de presa’, empuja a la gente a pensar acerca de enjaularlo o eliminarlo, mientras que ver ‘el delito como un virus' fomenta más un afán "científico" de comprensión de las causas. Aunque raras veces nos preguntamos por dichas metáforas a un nivel más profundo.

En ambos casos, la delincuencia se presenta como una fuerza (malévola) de la naturaleza, al margen de la acción humana. Ya sea bestia o sea virus, el delito no es como nosotros, no es humano. Del mismo modo, una "guerra contra las drogas" o una "guerra contra el terror" no es solamente una imagen emotiva, sino que despliega una narrativa militarista que mantiene poca relación con la realidad.

Mentalidad engañosa

En la literatura, una metáfora sirve a fines poéticos, en la política, es un argumento (sutilmente manipulador) por analogía; pero en la ciencia, la metáfora es ampliamente considerada como una herramienta esencial para la comprensión. Entonces, ¿en qué jardín nos deja esto último?

Considerando el ejemplo de la delincuencia que aquí invoca fuerzas naturales para las acciones humanas, la ciencia, en general, invoca las metáforas a la inversa: los procesos naturales se describen como si fueran el resultado de la intención. Esta tendencia antropomorfista se denominó la "falacia patética" en el siglo XIX, por el crítico John Ruskin, aunque ya había sido señalada dos siglos antes por el científico y filósofo Francis Bacon.

La falacia patética y es un hábito influyente profundamente arraigado, especialmente en biología [2 - 6], donde la insinuación de una fuerza inteligente parece irresistible, incluso para aquellos que lo deploran. El más famoso en este sentido es "el gen egoísta", propuesto por el biólogo Richard Dawkins en su libro de 1976 del mismo título. La metáfora de Dawkins es apta y comprensible, casi rozando lo inevitable, dando la idea que él se esforzó por transmitir. Pero tales problemas van más allá del hecho, por supuesto, de que los genes sean egoístas, al menos en la forma en que la gente lo cree (es decir, no hay egoísmo en absoluto).

La propuesta del "gen egoísta" ofrece la idea de un mundo darwiniano desinteresado hasta el punto de ser positivamente desagradable: una imagen que a veces ha provocado la resistencia a las ciencias en general, y la selección natural en particular. Y como Denis Noble, fisiólogo de la Universidad de Oxford, Reino Unido, ha argumentado convincentemente, la idea de que los genes sean egoístas es totalmente innecesaria para entender cómo funcionan, y es en cierto modo engañosa [7].

Pero daría lo mismo hablar de un "gen cooperativo", que igualmente estaría cargado de valores, además de poco informativo. Los genes no son más egoístas o cooperativos del que sean felices o estén de mal humor. Es el mismo concepto de metáfora científica, en general, lo que resulta problemático, [8, 9].

En guardia

El 'libro de la vida', el 'ADN basura', el 'código de barras del ADN': todas estas imágenes distorsionan la imagen, sobre todo porque los propios científicos se olvidan a veces de que son sólo metáforas. Y cuando la ciencia se mueve, cuando descubrimos que el genoma no es como un libro o un proyecto, las metáforas tienden, a su pesar, a aferrarse. Cuando más viva es la imagen, más peligrosamente seductora y resistente se hace al cambio.

Thibodeau y Boroditsky nos dan un nuevo motivo para tener cuidado, al mostrar cómo inconscientes metáforas colorean nuestro razonamiento. Probablemente esto sea tan cierto en la ciencia, sobre todo en una ciencia tan emotiva como la genética, como lo es en el discurso social y político.

La mayoría de los científicos, probablemente estarían de acuerdo con Robert Root-Bernstein, un fisiólogo de la Universidad Estatal de Michigan, en East Lansing, al decir que "las metáforas son esenciales para hacer y enseñar ciencia" [10]. También simpatizarían con Paul Hebert, biólogo de la Universidad de Guelph, en Canadá, que respondió a las críticas de su metáfora del 'código de barras del ADN' [11] preguntando: "¿Para qué queremos ser tan científicamente correctos y hacer que nuestra ciencia sea aburrida?" [3].

No obstante, la necesidad de la metáfora en la ciencia, se encuentra en riesgo de convertirse en dogma. Quizás estamos demasiado ansiosos por encontrar una metáfora clara y no sólo por explicar lo que está pasando de la manera más clara y honesta posible. Lo que queremos reconocer es que algunos de los conceptos científicos conforman "una realidad más allá de la metáfora", como señaló el premio Nobel, David Baltimore, biólogo del California Institute of Technology en Pasadena, al respecto del ADN [3]. Por lo menos, la metáfora sólo debería ser admitida en la ciencia tras una estricta revisión. Debemos prestar atención a la advertencia de los pioneros cibernéticos, Arturo Rosenblueth y Norbert Wiener, que indicaban que "el precio de la metáfora es la eterna vigilancia" [12].
  • Referencia: Nature.com, 23 February 2011 por Philip Ball

Referencias del artículo:
1. Thibodeau, P. H. & Boroditsky, L. PLoS ONE 6, e16782 (2011). | Article |
2. Nelkin, D. Nature Rev. Genet. 2, 555-559 (2001).
3. Nerlich, B. Elliott, R. & Larson, B. Communicating Biological Sciences (Ashgate, 2009).
4. Nerlich, B. & Dingwall, R. in Cognitive Models in Language and Thought: Ideology, Metaphors and Meanings (eds Dirven, R., Frank, R. & Pütz, M.) 395-428 (Mouton de Gruyter, 2003).
5. Kay, L. E. Who Wrote the Book of Life? (Stanford University Press, 2000).
6. Keller, E. F. Refiguring Life (Columbia University Press, 1996).
7. Noble, D. The Music of Life (Oxford University Press, 2006).
8. Lakoff, G. & Johnson, M. Metaphors We Live By (University of Chicago Press, 1981).
9. Brown, T. L. Making Truth: Metaphor in Science (University of Illinois Press, 2003).
10. Root-Bernstein, R. Am. Sci. 91, (2003).
11. Hebert, P. D. N., Cywinska, A., Ball, S. L. & deWaard, J. R. Proc. R. Soc. B 270, 313-321 (2003). | Article | ISI | ChemPort |
12. Lewontin, R. C. Science 291, 1263-1264 (2001). | Article | ISI |

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