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» » » ¿Podría el biocentrismo proporcionar una visión sobre nuestro último destino?

¿Te has preguntado qué significa realmente todo esto? ¿Cómo funciona esta pequeña vida nuestra, inscrita en un escenario más grande, en una realidad tan inmensa donde el universo mismo no es más que una mísera mota?


Vamos de aquí para allá con nuestros asuntos, horneamos galletas, nos encandilamos con fotos de los famosos, sin darnos cuenta de cuán enormemente primitiva es nuestra comprensión de la vida y de la existencia. El biocentrismo, una nueva teoría de todo, sugiere que estamos tan lejos de la realidad como leer libros de comics en lugar de libros de texto sobre biología evolutiva o física cuántica.  Nos asomamos justo al borde del universo con nuestros radiotelescopios, sin embargo, sólo recientemente, los científicos han empezado a cuestionar una visión del mundo que se remonta a los inicios de la civilización. Ya es hora de decir adiós a este viejo paradigma.

En el siglo XVIII, Immanuel Kant ya afirmaba que el espacio y el tiempo eran propiedades de la mente. Más recientemente, Einstein reconoció que "la distinción entre pasado, presente y futuro es sólo una ilusión obstinadamente persistente". Según el biocentrismo, el espacio y tiempo son bio constructos lógicos, señalando que hay otros sistemas de información que corresponden a otras realidades basadas en la lógica, completamente diferentes de la nuestra. Estos algoritmos son la clave para la conciencia y por qué el espacio y el tiempo y las propiedades de la materia son relativas al observador. El biocentrismo sugiere que, no son las únicas herramientas para experimentar la realidad. Que a pesar de experimentar un mundo de arriba y abajo, estos algoritmos pueden ser cambiados de modo que el tiempo sea lineal, por ejemplo, en 3 dimensiones como el espacio. Nuestra conciencia se movería a través del multiverso, y podríamos caminar a través del tiempo como caminamos por el espacio.

Toda nuestra experiencia no es más que una información que sucede en nuestra cabeza. El espacio y el tiempo son sólo nuestra manera de dar sentido a las cosas. No son objetos, sino más bien el software que, como en un reproductor de DVD, reproduce la información en una experiencia multidimensional. Damos por sentado cómo nuestra mente teje todo el conjunto. Incluso en los sueños, todo ello genera una realidad, repleta de cuerpos funcionando que interactúan con un entorno físico. A pesar de esta fabricación mental, somos capaces de pensar y experimentar sensaciones tan reales como hacemos ahora.

Si se añade que todo lo físicamente posible tiene que suceder (como muchos físicos creen), ¿qué significa esto respecto a nuestro último destino? ¿Cuál es el comienzo y fin de la vida? Parecemos simples invertebrados simples que sólo experimentan la existencia en una dimensión del espacio. La biología evolutiva sugiere que, la vida ha pasado de una realidad unidimensional, a dos dimensiones y tres dimensiones, y no hay ninguna razón para pensar que la evolución de la vida se detenga ahí. A fin de cuentas, la conciencia recorre hacia arriba los insensibles grados desde las formas inferiores de vida hasta la existencia de los vertebrados, y tal vez va mucho más allá de nosotros, en existencias extracorpóreas (trascendentales) que no podemos ni siquiera comenzar a comprender. Pese a que experimentamos la realidad pieza por pieza, igual que las canciones de un disco, las dimensiones son partes de una realidad unitaria que existe fuera de las divisiones clásicas de espacio y tiempo.

Es hora de abarcar una visión más amplia de la realidad. Esto se hizo claro para mí, una tarde, cuando era un niño, un pequeño rabo blanco de conejo corría por mí. No había nada de extraordinario en esto, ni siquiera inusual cuando se detuvo durante un momento, y levantando sus patas y me miró con la mirada curiosa del Conejo Blanco, como diciéndome, "¿qué haces aquí? ". Pero cuando la criatura me miró a los ojos y crispó sus bigotes, sentí un Élan Vital en él, un cierto sentido de conciencia que atraviesa el espacio. Luego echó a correr, y yo también. Como ves, había una unión, una proyección de deseos a través de la frontera de las especies. Por un momento, pude sentir los pelos de guía en la parte trasera de mi cuello, tanto como el conejo podría podría sentirlo.

Algunas personas dicen que el sol me calentó demasiado la cabeza ese día, y que no debería cargar a mis lectores con este asunto. No ven ninguna otra explicación. Sin embargo, probablemente habréis oído hablar sobre el experimento de los dos agujeros, el efecto cuántico Zeno, y otros experimentos que sugieren que, la estructura del mundo físico está influenciada por la observación humana. Los resultados de estos experimentos son fantásticos, y estoy de acuerdo con ellos. Pero cuando la física cuántica estaba en sus primeros días, algunos físicos desestimaron estas conclusiones como imposibles. Es curioso recordar la reacción de Einstein a estos experimentos: "Sé que este negocio está libre de contradicciones, sin embargo, en mi opinión, contiene una cierta irracionalidad."  Sin embargo, más tarde admitió que la mecánica cuántica no contiene contradicciones lógicas, además de ser lógicamente irreprochable. Tal vez sea así, pero he pasado toda mi carrera estudiando las bases de la vida. Tengo fe en la vida, y no en un conjunto de ecuaciones.

Sin duda, las ecuaciones son correctas, pero tal vez sea más prudente interpretar la naturaleza en términos de vida y no en términos de funciones de onda. Para mí que, mi interacción con la criatura que habitaba en ese campo de la realidad era más complicada, y en un extremo más cercano a penetrar en el secreto del universo, que cualquier experimento que se haya llevado a cabo nunca en un laboratorio. Como ya he crecido, me he encontrado un poco dándole vueltas a ese episodio. En alguna parte de él, estoy seguro, se encontraba el secreto.

Fue sólo con la caída de la objetividad, que los científicos comenzaron a considerar de nuevo la vieja cuestión de comprender el mundo como una forma de la mente. Einstein, en una caminata por casa, le pidió a Abraham Pais, si realmente creía que la luna sólo existía cuando la miraba. Desde entonces, los físicos han revisado sus ecuaciones, en un vano intento por llegar a una declaración de las leyes naturales que no dependa de las circunstancias del observador. Pero hoy día la teoría está desconectada, aunque algo parece cierto: la naturaleza del universo no puede estar divorciada de la naturaleza de la vida misma. De hecho, la teoría cuántica implica que la conciencia debe existir, y que el contenido de la mente es la realidad última. Sólo un acto de observación puede conferir forma a la realidad, a un diente de león en una pradera o a una vaina de semilla.

Pero eso no es todo. El fallecido físico Heinz Pagels comentó una vez: "Si negamos la objetividad del mundo, a menos que la observes, y seamos conscientes de ello (como la mayoría de los físicos), esto nos conduce al solipsismo, la creencia de que la conciencia es sólo una". Esto no debe inquietarnos, salvo quizás si estuviéramos de pie en medio de un prado, y todo esté bañado de pura luz. Sin embargo, ahí estaba yo, y una criatura a poca distancia, con sus ojos fijos en los míos.

Supe entonces que la conclusión de Pagel sobre el solipsismo era cierta. Sólo que no era mi conciencia la que es única, sino la nuestra. No cabía duda, de que la conciencia que había de fondo, tras el joven que una vez fui, también existía detrás del conejo. Sí, detrás de la mente de todos los seres existentes en el espacio y el tiempo, y más allá de la inteligencia en otras realidades que no podemos aprehender. Según escribió Loren Eiseley, "hay muy pocos jóvenes hoy en día que hagan una pausa, cuando vienen de una clase de biología, que señalen una flor amarilla o indaguen curiosos a una tortuga tomando el sol en el borde del estanque del campus, y sean capaces de decirse a sí mismos, "Todos somos uno, todos formamos un solo conjunto."

Sí, pensé, todos somos uno. Y hubo como un caer en la cuenta que hizo saltar las alarmas. En otro momento se abrió el gran agujero de conejo bajo la roca. Abajo, abajo y abajo, hacia el mundo de lo insondable.

  • - Referencia: HuffingtonPost.com, 13 enero 2011, por Robert Lanza
  • - Referencia: web de Robert Lanza .
  • - Éste y más artículos de Robert Lanza en The Huffington Post .
  • - Libro de Biocentrismo, de Robert Lanza y Bob Berman: "Biocentrism: How Life and Consciousness Are the Keys to Understanding the True Nature of the Universe" (Biocentrismo: Cómo la vida y la conciencia son la clave para entender la verdadera naturaleza del universo), publicado por BenBella Books in mayo de 2009.
Otros artículos en este blog de Robert Lanza sobre el biocentrismo

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Editor del blog Pedro Donaire

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