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» » » Nueva revisión sobre si "Ardi" fue un ancestro humano

Los hallazgos genéticos suelen destacar la idea que los organismos que tienen partes del cuerpo de aspecto similar, no siempre son parientes cercanos en la evolución. Las alas para volar o los dientes afilados para extraer a los alimentos, pueden ser el resultado de una evolución convergente, en el que la selección natural ofrece soluciones de aspecto similar a los problemas que enfrentan las diferentes especies, ya sean lejanos o estén relacionadas estrechamente.

Desentrañar los orígenes de estas características compartidas en especies estrechamente relacionadas resulta especialmente difícil, sobre todo cuando las huellas de ADN no están disponibles. Así pues, cuando los investigadores exploran similitudes del esqueleto en el registro fósil, podrían verse inducidos a creer que las especies "están más relacionadas de lo que están realmente", han escrito los autores de un nuevo artículo revisado. Por ejemplo, en lugar de indicar una relación directa con los humanos modernos, las características familiares de algunos supuestos ancestros humanos, como el Ardipithecus ramidus, podría explicarse por la evolución convergente.

"En realidad, podríamos colocar al Ardipithecus en un linaje no relacionado con los seres humanos", dijo Terry Harrison, del Centro de Estudio de los Orígenes Humanos en la Universidad de Nueva York, y coautor del documento, en un podcast con Nature .

Los 4,4 millones de años de antigüedad de "Ardi" podrían haberlo separado de las ramas principales de la antigua familia del árbol simio, antes del último ancestro común que une a los humanos y los chimpancés, que se cree vivió hace entre ocho y cuatro millones de años, señalaban en un comentario Harrison y Bernard Wood, del Centro de Estudios Avanzados de Paleobiología Hominida, de la Universidad George Washington, al documento publicado en línea el 16 de febrero en Nature.

"Creo que es igualmente probable, o quizás incluso preferible, sea una forma ancestral o un temprano representante de los grandes simios africanos", grupo que "no está necesariamente relacionado de manera única con los humanos", añadió Harrison.

Una de las evidencias más sólidas para que Ardi esté incluido en la rama de los homínidos es su pequeño diente canino. Pero los investigadores se apresuran a señalar que otras antiguas especies de no-homínidas, incluyendo el Oreopithecus y el Ouranopithecus, también llegó a tener reducido su diente canino, "presumiblemente, debido a cambios paralelos en la conducta alimentaria que responden a unas cambiantes condiciones ecológicas", sugieren los investigadores en su artículo. "Por lo tanto, estos cambios no son, en realidad, exclusivos de los homínidos."

La ubicación de un agujero en la base del cráneo, conocido como el agujero occipital, sugiere que Ardi fue andador en posición vertical, y tal vez por ello un sólido homínido. Pero en la búsqueda de otros simios, "esta característica está más ampliamente asociada con diferencias en la cabeza y la longitud facial, en lugar de sólo el bipedismo", anotan Wood y Harrison. Algunos primates extintos, como el Oreopithecus bambolii, se desarrollaron fuera de la línea humana, pero sin embargo, poseen rasgos similares a los homínidos, que, según los autores, "los investigadores se envalentonaron a generar hipótesis erróneas sobre las relaciones evolutivas."

Wood y Harrison establecen paralelismos con el caso de la cara corta de hace décadas, el Ramapithecus punjabicus, que inicialmente se pensó que era un homínido, pero más tarde demostró ser una hembra Sivapithecus, pariente de los orangutanes.

Parte del problema para tratar de entender los vínculos ancestrales entre las especies extinguidas, se deriva de los supuestos acerca de los parecidos del último ancestro común humano y los grandes simios, incluso la clásica falacia de que nuestros predecesores se parecían a los chimpancés modernos. "Es simplista suponer que sólo los homínidos han sufrido cambios evolutivos importantes desde nuestro ancestro común más reciente", observan Wood y Harrison en su artículo. Las características clave, como los dientes caninos pequeños, que nos da una indicación del cambio de comportamiento de los homínidos, podrían igualmente haber sido útiles en otras líneas de primates muy diferenciadas. "Sería apresurado asumir, simplemente, que esas características son inmunes desde la" evolución convergente, concluyen los autores. En su lugar, ellos abogan por "una alternativa tal vez más prudente", una línea de pensamiento que propone que lo que llevó hacia los seres humanos no tanto una línea clara, sino todo un enredo de líneas, un salto ramificado sin salida evolutiva, que murió antes de que el primer humano se hubiese implantado. Este modelo es el que sugiere que el Ardipithecus no debería ser catalogado como humano hasta que se descubran más pruebas.

Tim White, de la Universidad de California, Berkeley, y uno de los autores principales de los documentos de Ardi de 2009, lo defendió en su editorial de opinión de seis páginas ilustrado, en el podcast de Nature. Sostuvo tener en cuenta el "complejo funcional completo", no sólo de características individuales, para poder así "excluir a los grandes simios."

Wood y Harrison no descartan al Ardipithecus como posible ancestro humano, pero que, "queda por ver cómo muchos de estos homínidos sinapomórficos resisten un análisis exhaustivo". Y animan a otros paleoantropólogos a "reconocer las posibles carencias de datos a la hora de generar hipótesis sobre las relaciones", aceptando que con la evidencia actual fósil y el análisis, no serían capaces de determinar con seguridad si Ardi era un homínido.

"Los fósiles no vienen con sus certificados de nacimiento adjuntos, ni con pronósticos de su futuro", indicaba en el podcast Henry Gee, editor de Nature. "Depende de nosotros sacar las inferencias adecuadas de los fósiles."


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Editor del blog Pedro Donaire

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