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» » » » Existen temores de que Wi-Fi también podría dañar a los humanos

Una investigación reciente en los Países Bajos, ha sugerido que la aparición de sangrado en la corteza y las hojas marchitas que han asolado los árboles urbanos del país, puede ser causado por la radiación de las redes Wi-Fi, que ahora están integradas en la vida diaria, ya sea en oficinas, escuelas y hogares.

Como ingeniero electrónico cualificado, no estoy sorprendido por estos hallazgos. Durante mucho tiempo he estado preocupado por los efectos nocivos de la radiación electromagnética emitida no sólo por los dispositivos Wi-Fi, sino por muchos otros dispositivos comunes modernos, como los teléfonos móviles e inalámbricos, las consolas de juegos inalámbricos y los hornos microondas.

Por mucho que me gusten los árboles, y lo preocupante que me parezca esta investigación, lo que realmente me inquieta es el efecto que estos campos electromagnéticos (CEM) puedan tener sobre los seres humanos, que nos rodean en una nube constante de la "contaminación electromagnética".

No soy ludista. Cuando empecé a trabajar en la década de 1960, participé en la construcción de walkie-talkies. Pensaba que era algo brillante y que la tecnología electrónica salvaría al mundo. Sin embargo, durante las décadas que siguieron, mi trayectoria científica me ha hecho imposible ignorar las abrumadoras pruebas que existen sobre el daño causado por esta contaminación electromagnética.

El problema, no es tanto la existencia de estas ondas de radio, sino más bien el uso que hacemos de ellas. En lugar de ser emitidas a una tasa constante, se emiten en ráfagas cortas y frecuentes, que parecen ser mucho más nocivas biológicamente.

No menos importante es su impacto en nuestra capacidad de reproducción. Está bien documentado que, el promedio de recuentos de esperma masculino se redujo en un dos por ciento anual. Entre otras muchas causas que se han sugerido está el estilo de vida estresante, la mala alimentación o las hormonas en nuestro suministro de agua.

No obstante, los estudios en clínicas de infertilidad muestran que, los problemas de esperma muerto o sin correcta movilidad son más comunes en los hombres que usan extensamente móviles. Esto ha sido demostrado en el laboratorio.

Los móviles no son el único problema. Muchos portátiles están ahora equipados con Wi-Fi que envían pulsos cada segundo, ya que así se mantiene en contacto con el punto de acceso más cercano. Los jóvenes con estos dispositivos en sus regazo están sometiendo a sus testículos a fuertes campos electromagnéticos (CEMs) a corta distancia, ajenos a los daños que pueden estar haciendo a sus posibilidades de paternidad en el futuro.

Los CEMs también se ha demostrado que afectan al cerebro, suprimiendo la producción de melatonina, la hormona que controla si nos sentimos felices o tristes. En 2004, investigadores de la Universidad de Málaga, encontraron que una alta exposición a los CEM aumenta en 40 veces las probabilidades de desarrollar depresión.

También están relacionados a la contaminación electromagnética los dolores de cabeza, irritabilidad, cansancio y trastornos del sueño.

Esto ha sido confirmado en la investigación por el respetado Instituto Karolinska en Suecia. Patrocinado por compañías líder de telefonía móvil, se demostró que el uso de teléfonos justo antes de irse a la cama hacía que la gente tardara más tiempo en llegar a las etapas más profundas del sueño. También pasaron menos tiempo en cada una de esas etapas, así que interfiere en la capacidad del cuerpo para reparar los daños sufridos durante el día.

Esto es particularmente alarmante debido a la tendencia de los adolescentes y los niños a dormir con sus teléfonos móviles bajo las almohadas, en su afán de responder a los textos finales de la noche de sus amigos.

Los padres que permiten a sus hijos hacer eso, puede estar tomando un riesgo significativo en su salud.

Este año salió la publicación de un estudio de Interphone, llevado a cabo en 13 países, incluyendo el Reino Unido, donde examinaban la relación entre el uso de teléfonos móviles y tumores cerebrales. Se sugirió que los que habían hecho un uso intensivo de teléfonos móviles durante una década o más, se enfrentarían a un doble de riesgo de glioma, el tipo más común de tumor cerebral.

Y este estudio estuvo basado en el período comprendido entre 1994 y 2004, cuando un uso ‘fuerte’ se definía como dos o tres horas al mes. Una estimación conservadora del uso medio del teléfono móvil ahora, es de aproximadamente de media hora al día, siete días a la semana.

Dado que los tumores cerebrales a menudo se desarrollan muy lentamente, pueden transcurrir muchos años antes de que el pleno impacto de nuestra dependencia de los móviles se vea con claridad. Pero ya hay otra área implicada de interés para profesionales de la salud, la aparición de la demencia en los menores de 65 años.

Los expertos están perdidos a la hora de explicar el incremento de esta condición, que ha visto un aumentar la demanda de unidades de demencia pre-senil en todo el país. Pero, ¿realmente sorprende cuando un estudio del Instituto de Medicina Ambiental en Suecia, confirmó este mes que la exposición a los CEM acelera considerablemente la degeneración del cerebro?

Los riesgos planteados por los CEM son reconocidos no sólo por los científicos, sino por las mismas organizaciones comerciales. En 1997, una compañía de seguros Swiss-Re, identificó los CEM como susceptibles de causar un mayor incremento en reclamaciones en los próximos años. Por tanto, Swiss-Re, y otras compañías de seguros, se han negado a indemnizar a las operadoras de telefonía móvil frente a reclamaciones de salud de sus clientes.

Aun así, no podemos esperar mucho que nuestros políticos nos protejan de los CEM. La industria de telefonía móvil en el Reino Unido, contribuye con alrededor de 20 mil millones de libras en impuestos cada año, por lo que es poco probable que su Gobierno tome medidas para reducir el número de llamadas.

De hecho, parece que se va casi en la dirección opuesta, hacia promover la instalación de redes Wi-Fi en nuestras escuelas con tácticas que a veces rayan en la coacción. Por ejemplo, de no recibir más fondos del gobierno tecnología informática si no se instala Wi-Fi.

A falta de intervención oficial, cuyo deber sería protegernos. Mi objetivo como activista no es asustar a la gente, pero si informar acerca de los riesgos, para que puedan tener la posibilidad de tomar precauciones.

No todo el mundo quiere seguir mi ejemplo. Dada nuestra preocupación por la contaminación electromagnética, mi esposa y yo nos hemos mudado a una casa de campo en Escocia, fuera del alcance de cualquier red de telefonía móvil.

Pero hay pequeños pasos que todos podemos tomar. Podemos tratar de usar juegos de manos libres. Y las mujeres deberían dejar de llevar móviles en sus sujetadores (el tejido de la mama es especialmente sensible a las microondas de la telefonía móvil), una tendencia que se está convirtiendo en alarmante moda.

También podemos evitar los teléfonos inalámbricos. Sus estaciones base transmiten a 100 pulsos por segundo, 24/7, incluso cuando no esté utilizando el teléfono, sus niveles de potencia equivalen a tener una pequeña antena de teléfono móvil en su hogar.

También podría considerar si realmente necesitan tener acceso inalámbrico a Internet en su hogar. Una alternativa es comprar adaptadores dLAN que transmiten la señal de Internet en la casa a través de su cableado eléctrico ordinario.

Tales cambios se requieren pequeños ajustes en nuestro estilo de vida moderno. Pero hasta que las pruebas contra los CEM se hayan demostrado o refutado, vale la pena hacer algunos sacrificios.

  • - Referencia: Sott.net, 30 de noviembre 2010, Alasdair Philips

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Editor del blog Pedro Donaire

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