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» » » No tan rápido, las diferencias cerebrales entre sexos no están tan claras

A la gente le encanta especular sobre las diferencias entre los sexos, y la neurociencia ha traído una nueva tecnología que sirve a este pasatiempo.

Los estudios de imágenes cerebrales se publican a gran velocidad, y algunos informan de las diferencias por sexo en la estructura cerebral o de los patrones de actividad neuronal. Pero debemos ser escépticos ante esto, escribe la psicológa Cordelia Fine Current Directions de Psychological Science, una revista de la Association for Psychological Science. Los resultados de estos estudios no necesariamente aguantan pruebas de muestras de mayor tamaño o de una mejora en las técnicas de análisis, ya que es demasiado pronto para saber con certeza lo que dichos resultados, caso de ser fiables, podrían significar para las diferencias mentales entre hombres y mujeres.

Las librerías están llenas de libros de divulgación sobre las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres. Fine, que trabaja en la Universidad Macquarie en Australia, se interesó por el tema como progenitora. Estaba leyendo un libro acerca de cómo las diferencias cerebrales entre niños y niñas significaba que se les debía enseñar de otra manera. Pero como académica, sintió la curiosidad por la investigación en la que estas afirmaciones se basaban y observó los estudios originales.

"Había grandes diferencias entre lo que los estudios de neuroimagen mostraban y las conclusiones y afirmaciones que se elaboran de ellos", apunta ella. En el artículo y su nuevo libro, ‘Delusions of Gender’, Fine analiza las formas en que esta investigación resulta incongruente con las interpretaciones que se hacen.
 
Algunos de los problemas comienzan con la investigación. Estos estudios se llevaron a cabo a menudo con un pequeño número de hombres y mujeres, donde las diferencias observadas podrían deberse al azar. Es muy fácil y obvio para los neurocientíficos el poder comparar los sexos de una forma predeterminada. Pero cuando se chequean estas diferencias de forma habitual, pueden encontrarse diferencias estadísticamente significativas entre los dos grupos, aunque no haya ninguna diferencia real entre hombres y mujeres en general.
 
Este problema de falsos positivos suele entenderse al hacer una investigación, sobre todo cuando saben que un estudio con 20 participantes y pico se encuentra en una región pequeña y que la diferencia entre hombres y mujeres no es la palabra final sobre la cuestión. Estas diferencias tan sutiles y fácilmente cuestionables son aprovechadas por escritores populares, comenta Fine.
 
Otro problema es cómo interpretar las diferencias de sexo en el cerebro. Los neurocientíficos sólo están empezando a entender cómo funciona la actividad neuronal acerca de los fenómenos psicológicos complejos. La tentación, a la que los escritores populares son particularmente vulnerables, es el uso de estereotipos para superar esta brecha del conocimiento científico.
 
El hecho de que los estudios de neuroimagen utilicen máquinas complejas, caras, parece que tomar imágenes del cerebro puede hacer que sus resultados parezcan más reales y confiables, e impresionan más que los estudios de comportamiento. Como consecuencia de ello, las evidencias circunstanciales del comportamiento o de sensibilidad al contexto, pueden ser eclipsados por el resultado único de una diferencia cerebral entre sexos.
 
"Sería necesaria una buena dosis de escepticismo a la hora de tratar los informes sobre las diferencias sexuales en el cerebro y lo que significan", señala Fine, que le preocupa que estas afirmaciones sobre las diferencias entre los cerebros masculino y femenino se refuercen con estereotipos sexuales pasados de moda.

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Editor del blog Pedro Donaire

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