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El ataque de ira, ¿es un trastorno mental?

Publicado por: Pedro Donaire on : lunes, 26 de julio de 2010 0 comments
Pedro Donaire
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Un trastorno mental cuyos síntomas incluyen arremeter verbalmente de manera agresiva o violenta, se ha encontrado que es casi dos veces más común de lo que se pensaba. La investigación ha generado un debate dentro de la comunidad psicológica, acerca del diagnóstico de una enfermedad mental cuyos síntomas se solapan con la normal conducta humana, así como con los síntomas de otros trastornos.

El trastorno explosivo intermitente (TEI), se caracteriza por la pérdida de control y la reacción exagerada al estrés, se reconoció por primera vez en 1980, por la Asociación Psiquiátrica Americana. Ahora, que el Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales (DSM), que es el libro que utilizan los psicólogos para hacer diagnósticos, es objeto de evaluación y revisión, algunos están pidiendo utilizar nuevos criterios para identificar los trastornos relacionados con el TEI y otros.

La próxima edición del libro, el DSM-V, está previsto lanzarse para mayo de 2013, casi 20 años después de la última edición, el DSM-IV se publicó en 1994.

"El TEI es un trastorno del comportamiento que supone una condición médica, de la misma manera que el trastorno por depresión o el de pánico no es, simplemente, una "mala conducta", señaló Emil F. Coccaro, profesor de psiquiatría y neurociencia de la conducta de la Universidad de Chicago. "El comportamiento agresivo se encuentra bajo la influencia genética y se propaga en las familias."

¿Cómo es de común?

No está claro cuántas personas padecen de TEI. El DSM-IV indica que "falta información fiable, pero el trastorno explosivo intermitente es aparentemente raro." Sin embargo, no todos piensan igual.

Un estudio de 2004 de 253 residentes en Baltimore, estima que un 4% de las personas han desarrollado este trastorno en algún momento de sus vidas. Sin embargo, según un estudio de 2006, publicado en la revista Archives of General Psychiatry, "dependiendo de cómo se define en términos generales, este trastorno afecta a casi un 7,3% de adultos, o 16 millones de estadounidenses, en sus vidas."

La razón de que se encontrara con casi dos veces más prevalencia que otros, apuntó Coccaro, se debió en parte a las zonas grises en las directrices de diagnóstico.

"Este trastorno se diagnostica con menos frecuencia", dijo Coccaro. "Los cambios propuestos apuntan a que se diagnostique de manera más correcta." El problema con los criterios actuales, es que no delimitar claramente el nivel de gravedad o la frecuencia de los brotes de agresividad que definen el TEI.

"Según los criterios escritos, con sólo tres brotes de agresividad en la vida a uno ya se le podría diagnósticar", continuó Coccaro. "Sin embargo, las personas con sólo unos pocos arrebatos agresivos en su vida no se ven tan diferentes de otras personas. Realmente es necesario que sean arrebatos mucho más frecuentes y del gradiente de gravedad de las agresiones".

Según Coccaro, los criterios deben exigir que una persona haya tenido tres episodios que comprendan el asalto físico contra otras personas o la destrucción de propiedades a lo largo de un año, con un grado de agresividad "groseramente desproporcionado" a la situación. Además, el comportamiento agresivo no debiera estar comprometido en alcanzar una meta lógica, como la consecución del dinero de alguien.

Los criterios también deben escribirse para que los médicos, en su diagnóstico de TEI predan descartar los ataques de cólera, como se les llama a veces, por no estar relacionados con otros trastornos mentales que también implican problemas de control de impulsos, como el trastorno de personalidad antisocial, trastornos de conducta y esquizofrenia.

Los ataques de ira

De acuerdo con los criterios actuales, una “explosión" se produce cuando una persona con TEI se enfurece y no puede resistir sus impulsos agresivos. Estas personas pueden golpear o lastimar a otra persona, amenazan con hacerle daño a alguien, o destruir sus propiedades, según el DSM-IV.

"Por lo general, estas personas perciben un menosprecio cuando no se les entiende y "estallan", o cuando se frustran por algo, o son rechazados, y "explotan'", apunta Coccaro.

Durante un ataque de ira, una persona con TEI, expresa un grado de hostilidad, manifiestamente desproporcionada, en relación con cualquier súbito factor estresante psicosocial. El comportamiento explosivo es a menudo precedido por una sensación de tensión y seguido inmediatamente por una sensación de alivio. Después del episodio, dicha persona puede sentirse perturbado, llen dae remordimientos, arrepentido o avergonzado por su comportamiento agresivo, según el DSM-IV.

La furia al volante, el maltrato doméstico y las explosiones de ira o rabia, que implican tirar o romper objetos pueden ser signos de TEI, según la Clínica Mayo. De acuerdo con Coccaro y otros investigadores, el tratamiento de TEI puede implicar medicamentos, como el Prozac, y una psicoterapia para ayudar a controlar los impulsos agresivos. Se ha demostrado que las personas con este trastorno responden positivamente a una combinación de ambos.

La mejora de los criterios puede incrementar aún más el número de personas diagnosticadas con este trastorno.

"Los criterios del DSM-III y del IV se establecieron pobremente, lo que alentó a los médicos a esquivar el diagnóstico si el paciente parecía ser de talante general impulsivo o agresivo", dijo Coccaro.

Más allá del TEI

Unas directrices de diagnóstico confusas o inexactas no son tan comunes como solían ser en el DSM, añadió Coccaro, pero todavía existen. A medida que se hace más investigación en cualquier trastorno, se puede entender mejor y definir con mayor precisión. Si bien algunos aspectos de los trastornos relacionados con la ira son inconstantes, la investigación en curso ha contribuido a situar los datos y a concienciar de la existencia de estos problemas.

Sobre cómo serán definidos el TEI y otros trastornos en la próxima edición del DSM, es algo que todavía está en duda, de cómo el DSM Task Force considere los comentarios y opiniones de los profesionales sanitarios, pacientes, asociaciones profesionales e investigadores, en relación con la actual definición y normas de clasificación y diagnóstico.

"Sigue habiendo debates acerca de si el trastorno puede cambiar en el DSM-V, pero todavía no se han tomado decisiones", señaló Jaime Valora, portavoz de la American Psychiatric Association.

No obstante, Coccaro espera que la revisión del DSM considere las conclusiones de su investigación, a fin de que la última edición del manual se puede utilizar para diagnosticar con mayor precisión a la gente. "Por lo general, los cambios debidos a la mejora de datos acerca de un trastorno es lo que permite que los escritores y editores del DSM cambien dichos criterios", concluyó Coccaro.


- Referencia: LiveScience.com, por Remy Melina
- Fuente: por LifesLittleMysteries .



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