La psicología del antropomorfismo
La gente le habla a sus plantas, ora a unos dioses con semblanza humana, le da nombre a sus automóviles, e incluso viste a sus mascotas con ropajes. Tenemos una fuerte tendencia a caracterizar las entidades no humanas con características humanas (esto es conocido como antropomorfismo); pero ¿por qué?
En un nuevo informe de Current Directions in Psychological Science, una revista de la Association for Psychological Science, los psicólogos Adam Waytz de la Universidad de Harvard y Nicholas Epley y John T. Cacioppo, de la Universidad de Chicago, examinan la psicología del antropomorfismo.El término antropomorfismo fue acuñado por el filósofo griego Jenófanes, cuando describía la similitud entre los creyentes y sus dioses, es decir, los dioses griegos estaban representados con la piel clara y los ojos azules, mientras que los dioses africanos tenían la piel oscura y los ojos marrones. Las investigaciones neurocientíficas han demostrado que, las regiones del cerebro que están involucradas son similares, cuando pensamos en al comportamiento de los seres humanos que cuando pensamos en las entidades no humanas, lo que sugiere que el antropomorfismo utiliza procesos similares a los usados cuando se piensa en otras personas.
El antropomorfismo conlleva muchas implicaciones importantes. Por ejemplo, pensar en una entidad no humana como si fuera humana hace que sea digna de la atención y consideración moral. Además, las entidades antropomorfizadas se hacen responsables de sus propias acciones, esto quiere decir que, se convierten en merecedoras de castigo y recompensa.
Aunque nos gusta antropomorfizar, no asignamos cualidades humanas a todos y cada uno de los objetos de que nos encontramos. ¿Cómo se explica esta selectividad? Un factor es la similitud. Una entidad tiene más probabilidades de ser antropomorfizada, cuanto mayor similitud ofrezca con seres humanos (por ejemplo, a través de movimientos semejantes a los humanos o de rasgos físicos como los del rostro). También hay diversas motivaciones que pueden influir en el antropomorfismo. Por ejemplo, carecer de conexiones sociales con otras personas puede motivar a individuos solitarios a buscar conexiones con elementos no humanos.
El antropomorfismo nos ayuda a simplificar y dar más sentido a las entidades complicadas. Los autores observan que, de acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, "el dar nombre a los huracanes y tormentas, una práctica que se originó con los nombres de los santos, novias de marineros y figuras políticas molestas, simplifica y facilita la comunicación eficaz para mejorar la preparación del público, los medios de comunicación y el intercambio eficiente de información".
El reverso del antropomorfismo se entiende como deshumanización, cuando los seres humanos están representados como objetos no humanos o animales. Existen numerosos ejemplos históricos de deshumanización, como la persecución nazis de los judios durante el Holocausto o la tortura en la prisión de Abu Ghraib en Irak. Estos ejemplos sugieren que quienes se dedican a la deshumanización suelen formar parte de un grupo cohesionado que actúa contra los de fuera, es decir, que estos individuos que se sienten socialmente conectados puede tener una mayor tendencia a la deshumanización. Los autores señalan que, "la conexión social puede tener beneficios para la propia salud y el bienestar de una persona, pero también consecuencias lamentables en las relaciones intergrupales, permitiendo la deshumanización".
Los autores concluyen que pocos de nosotros "tienen dificultades para identificar a otros seres humanos en un sentido biológico, sin embargo, es mucho más complicado identificar en un sentido psicológico".
.28/02/2010.



