24/05/2009
Este verano regresa Terminator. La película de ciencia ficción, "Terminator Salvation" viene con una malévola inteligencia artificial apodada Skynet, un proyecto militar R.&D., que obtuvo conciencia de sí mismo y llegó a la conclusión de que los seres humanos son un gran problema y deben ser eliminados. 
La idea de que la auto-consciencia de un sistema de computación pueda surgir espontáneamente, a partir de la interconexión en red de miles de millones de ordenadores, se remonta en la ciencia ficción, al menos a la obra "Dial F para Frankenstein" de
Arthur C. Clarke. Una profética historia corta que apareció en 1961, que predijo una interconectada red telefónica que actuaba espontáneamente como un bebé recién nacido y conducía al caos mundial ya que dominaba los recursos financieros, el transporte y los sistemas militares.
Hoy en día, la inteligencia artificial (IA), una vez salvaguardada de los escritores de ciencia ficción y de los excéntricos ordenadores prodigiosos, vuelve a estar de moda y obtiene la atención de la NASA y de las empresas de Silicon Valley, como Google, así como de una ronda de nuevas empresas que están diseñando todo a partir de la próxima generación de motores de búsqueda, a máquinas capaces de escuchar o capaces de recorrer el mundo. La nueva respetabilidad de la AI se está convirtiendo en el nuevo centro de atención de una cuestión, de algo más o menos inquietante, sobre si la inteligencia de los ordenadores podría supera la nuestra y con qué rapidez.
El concepto de ordenadores ultra-inteligentes (máquinas "superiores a la inteligencia humana"), fue apodado "La Singularidad" en 1993, por el científico informático y escritor de ciencia ficción Vernor Vinge. Argumentaba que la aceleración del progreso tecnológico ha dado lugar a "un punto de inflexión de cambio, comparable al aumento de la vida humana en la Tierra." Esta tesis ha golpeado fuertemente aquí en Silicon Valley.
La inteligencia artificial ya se utiliza para automatizar y sustituir algunas funciones humanas con equipos informáticos. Estas máquinas pueden ver y escuchar, responder a preguntas, aprender, sacar conclusiones y resolver problemas. Sin embargo, para las Singularidades, la IA se refiere a las máquinas que serán auto-conscientes y superiores a los humanos en su inteligencia, capaces de diseñar mejores ordenadores y robots más rápidos que los seres humanos pueden hacer hoy en día. Ese cambio, dicen, daría lugar a una gran aceleración en las mejoras tecnológicas de todo tipo.
La idea no es sólo lo que los autores de ciencia ficción, la generación de piratas informáticos, ingenieros y programadores han llegado a creer profundamente, en el cambio tecnológico exponencial, tal como lo explicaba Gordon Moore, cofundador del fabricante de chips Intel.
En 1965, el Dr. Moore, describía por primera vez como la duplicación del número de transistores de chips de silicio con cada nueva generación tecnológica, condujo a una aceleración de la capacidad informática. Desde entonces la "Ley de Moore" —que no es una ley física, sino más bien una descripción de la tasa de cambio industrial—, ha llegado a personificar una industria que vive el tiempo de Internet, donde el Siguiente Gran Paso está siempre a la vuelta de la esquina.
Hace varios años, el pionero de la inteligencia artificial, Raymond Kurzweil, tuvo la idea de dar un paso más en su libro, en 2005, "La Singularidad está Cerca: Cuando los Humanos Transcienden la Biología". Él trató de ampliar la Ley de Moore para abarcar algo más que un potencial de procesamiento y, al mismo tiempo, predecir con gran precisión la llegada de la post-evolución humana, que dijo que ocurriría en 2045.

Lo que decía el Dr. Kurzweil, era que el rápido aumento de la potencia de los ordenadores, combinada con los humanos ciborg, llegaría a un punto en el que la inteligencia de las máquinas no sólo superaría la inteligencia humana, sino que se haría cargo del proceso de invención tecnológica, con consecuencias imprevisibles.
Reseñada en el documental "El hombre Trascendente", que tuvo su premier el mes pasado en el
Tribeca Film Festival, y con su película sobre la Singularidad para finales de este año, el Dr. Kurzweil se ha convertido en un señero hombre-máquina del marketing para un concepto de post-humanismo. Es co-fundador de la Universidad de la Singularidad, una escuela apoyada por
Google que abrirá en junio con un gran objetivo: "reunir, educar e inspirar a un grupo de dirigentes que se esfuercen por comprender y facilitar el desarrollo exponencial de la promoción de tecnologías y aplicar, centrar y dirigir los instrumentos para resolver los grandes desafíos de la humanidad".
No contentos con el desarrollo de las máquinas superhumanas, el Dr. Kurzweil se ve a sí mismo, o con la idea de que el contenido de nuestro cerebro y de los procesos de pensamiento, de alguna manera se traduzcan al mundo informático, haciendo posible una forma de inmortalidad.
Estos planteamientos le ha llevado a que entre los ingenieros en tecnología describan este romance con las super-máquinas como una nueva forma de religión.
El autor de ciencia ficción Ken MacLeod, describió la idea de la Singularidad como "el Rapto de los tontos". Kevin Kelly, editor de la revista Wired, observa que, "la gente que predice un futuro utópico siempre dice que va a pasar antes de su muerte".
Sin embargo, el mismo Sr. Kelly no se ha abstenido de especular sobre dónde las comunicaciones y la tecnología informática está a la cabeza. Está trabajando en su propio libro, "The Technium", que prevé la aparición de un cerebro global, la
trillada idea de que los ordenadores del planeta algún día podría actuar de manera coordinada y quizás exhiban inteligencia. Tampoco sabe con certeza cuando llegará ese cerebro inteligente mundial.
Los que han observado la creciente capacidad de la tecnología informática son aún menos optimistas sobre el futuro resultado. El diseñador informático y empresario William Alegría, por ejemplo, escribió un pesimista ensayo en
Wired, allá por el 2000, donde argumentaba que los seres humanos tienen más probabilidades de destruirse a sí mismo con su tecnología que de crear una utópica superinteligencia asistida por máquinas.
El Sr. Joy, cofundador de Sun Microsystems, decía que, "creo que una catástrofe será lo más probable".
Además, aquí hay un acalorado debate sobre si estas máquinas podrían ser las "máquinas de la gracia del amor", del poema de Richard Brautigan, o algo mucho más oscuro, de tipo "Terminator".
"Veo que el debate sobre si debemos o no construir estas inteligencias artificiales puede convertirse en la cuestión política dominante del siglo", dijo Hugo de Garis, un australiano investigador de inteligencia artificial, cuyo libro, "The Artilect War", sostiene que este debate probablemente terminará en guerra mundial.
Preocupado por los posibles resultados, Eliezer S. Yudkowsky, investigador de IA, y empleado del Instituto de Singularidad, ha propuesto la idea de "inteligencia artificial afín", una disciplina de ingeniería que procuraría garantizar que las futuras máquinas permanecieran a nuestro servicio, más o menos como nuestros maestros.
No obstante, es poco probable que esta generación de seres humanos, al menos, tenga la necesidad de precipitarse a las barricadas. La industria de la inteligencia artificial ha ido adaptándose desde hace ya medio siglo, puesto que el término "inteligencia artificial" fue acuñado en 1956, por el científico informático John McCarthy, de la Universidad de Stanford. En 1964, cuando McCarthy creó el Laboratorio de Inteligencia Artificial de Stanford, los investigadores informaron que la construcción de una máquina artificial inteligente tardaría una década. Dos décadas más tarde, en 1984, el optimismo inicial se encontró de mala racha, llevándose por delante a un grupo de empresas de IA en Silicon Valley, lo que fue conocido como "el invierno de la IA".
Tales reveses han llevado al veterano en tecnología de Silicon Valley, Paul Saffo, a pronosticar: "Nunca falla una visión clara en las distancias cortas".
De hecho, pese a que en el corazón de esta alta tecnología puedan consensuar sobre lo que es el progreso exponencial, lo peor para la élite de Silicon Valley será el no poder ver dicha Singularidad.
"Kurzweil probablemente morirá, junto con el resto de nosotros no mucho tiempo antes de la gran aurora", decía Gary Bradski, experto en robótica en Silicon Valley. "La vida no es justa".
Publicado en
The New York Times, el 23/05/09 por John Markoff
- Segunda imagen, autor Sam Weber, copyright The New York Times