Filosofía

Astrofísica

lunes, 31 de agosto de 2015

Un nuevo tejido Velcro para reparar corazones dañados

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Referencia: Eurek Alert.org, 28 agosto 2015
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Los ingenieros de la Universidad de Toronto acaban de hacer un ensamblaje funcional de un tejido cardiaco tan fácil como el cierre de tus zapatos. El equipo ha creado un andamiaje biocompatible que permite cubrir la ruptura de las células del corazón y pegarlas como el Velcro.

Este diagrama muestra cómo los puestos en forma de T de una capa del andamio de tejido pasan a través de los agujeros de una segunda capa. El mecanismo es similar a los ganchos y bucles utilizados para sujetar del Velcro. Crédito Raymond Cheah/ University of Toronto Engineering.
"Una de las principales ventajas es su facilidad de uso", dice el ingeniero biomédico y profesor, Milica Radisic, quien dirigió el proyecto. "Podemos construir grandes estructuras de tejidos de forma inmediata, siempre que se necesiten, y desmontarlos con la misma facilidad. No sé de ninguna otra técnica que dé esta capacidad."

Cultivar células de músculo cardíaco en laboratorio no es nada nuevo. El problema es que demasiado a menudo, estas células no se parecen a las que encontramos en el cuerpo. Las células del corazón real crecen en un entorno repleto de andamios proteínicos y células de apoyo que ayudan a darles forma y robustez para la máquina cardíaca. En contraste, las células cultivadas en laboratorio a menudo carecen de estos soportes, y tienden a ser amorfas y débiles. Radisic y su equipo, se centraron en los ambientes artificiales de ingeniería que imitan más de cerca a lo que ven en las células del cuerpo, dando lugar a células más resistentes y robustas.

Hace un par de años, Radisic y su equipo inventaron el Biowire, donde las células del corazón crecían alrededor de una sutura de seda, imitando la forma en que las fibras musculares reales crecen en el corazón. "Si piensas en una sola fibra como una estructura 1D, entonces el siguiente paso es crear una estructura 2D y luego montar una estructura 3D", señala Boyang Zhang, candidato doctoral en el laboratorio de Radisic. Zhang y Miles Montgomery, otro estudiante de doctorado en el laboratorio, fueron coautores principales del trabajo actual, publicado en Science Advances.

Zhang y sus colegas utilizaron un polímero especial llamado POMaC y crear una malla 2D para que las células crezcan a su alrededor. Es algo similar a un panal de abejas en su forma, excepto que los agujeros no son simétricos, sino que se extienden más en una dirección que en otra. Fundamentalmente, esto proporciona una plantilla que hace que las células se alineen juntas. Cuando son estimuladas con una corriente eléctrica, las células musculares del corazón se contraen al unísono, haciendo que se combe el flexible polímero.

Seguidamente, el equipo unió los puestos en forma de T de la parte superior del panal. Cuando una segunda lámina se coloca por encima, estos puestos actúan como minúsculos ganchos, asomando a través de los agujeros de nido de abeja y haciendo un clic de cierre en su lugar. El concepto es el mismo que los ganchos de plástico y bucles del Velcro, que, a su vez, se basan en las rebabas que las plantas utilizan para enganchar sus semillas a los animales que pasan.

Sorprendentemente, las láminas ensambladas comienzan a funcionar casi de inmediato. "Tan pronto como hacen clic, empiezan a latir, y cuando aplicamos la estimulación del campo eléctrico, vemos que laten en sincronía", añade Radisic. El equipo ha creado capas de tejidos hasta tres láminas gruesas en una variedad de configuraciones, incluyendo pequeños tableros de damas.

El objetivo final del proyecto es crear un tejido artificial que podría ser utilizado para reparar corazones dañados. La naturaleza modular de esta tecnología debería hacer más fácil poder personalizar el injerto en cada paciente. "Si uno tiene estos pequeños bloques de construcción, podría construir el tejido adecuado en el momento de la cirugía del tamaño que necesite" comenta. El propio andamiaje del polímero es biodegradable; al cabo de unos pocos meses se romperá gradualmente y será absorbido por el cuerpo.

Lo mejor de todo es que esta técnica no se limita a las células del corazón. "Utilizamos tres tipos de células distintas en este estudio, los cardiomiocitos, fibroblastos y células endoteliales, pero conceptualmente no hay realmente ninguna limitación", asevera Radisic. Esto significa que otros investigadores podrían utilizar estos andamios para construir estructuras en capas que imitan una variedad de tejidos, de hígados o de pulmones. A su vez, estos tejidos artificiales podrían utilizarse para probar nuevos medicamentos en un entorno realista.

Por otra parte, la capacidad de montar y desmontar a voluntad, podría permitir a los científicos obtener más información detallada sobre la respuesta de las células que en la actualidad. "Uno puede tomar una capa media, para ver a qué se parecen las células", especula Radisic. "Posteriormente, podría aplicarse a una molécula que hará la diferenciación, la proliferación o lo que quieras, sólo con esa capa. Luego se pondría de nuevo en el tejido, para ver cómo interactúa con las capas restantes."

El siguiente paso es ponerlo a prueba y ver cómo funciona en un sistema vivo. Radisic y su equipo están colaborando con investigadores médicos a fin de diseñar experimentos de implantación que pondrá el proyecto un paso más cerca de la clínica.

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Fuente: University of Toronto Faculty of Applied Science y Engineering.
Imagen: Este diagrama muestra cómo los puestos en forma de T de una capa del andamio de tejido pasan a través de los agujeros de una segunda capa. El mecanismo es similar a los ganchos y bucles utilizados para sujetar del Velcro. Crédito Raymond Cheah/ University of Toronto Engineering.

domingo, 30 de agosto de 2015

Un matemático revela el mecanismo que sustenta los ritmos biológicos

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Referencia: Science Daily.com . 28 de agosto 2015
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 Los científicos han predicho cómo los circuitos biológicos generan ritmos y controlar su robustez, utilizando modelos matemáticos basados ​​en ecuaciones diferenciales y muestreo de parámetro estocástico.

Este esquema es el diseño de un circuito biológico entre dos cepas de bacterias, y parte de las ecuaciones diferenciales que utilizadas para entender la función del circuito biológico. Crédito: KAIST
Nuestros cuerpos tienen una variedad de relojes biológicos que siguen ritmos u oscilaciones con períodos que van desde segundos a días. Por ejemplo, nuestros corazones laten cada segundo, y las células se dividen periódicamente. El reloj circadiano, situado en el hipotálamo, genera un ritmo de veinticuatro horas, contando nuestro sueño y la liberación de hormonas. ¿Cómo se generan estos relojes, o circuitos biológicos, manteniendo los ritmos estables tan esenciales para la vida?

Jae Kyoung Kim, profesor asistente en el Departamento de Ciencias Matemáticas de KAIST, ha logrado predecir cómo estos circuitos biológicos generan ritmos y controlan su robustez, utilizando modelos matemáticos basados ​​en ecuaciones diferenciales y muestreos de parámetros estocásticos. Basándose en sus predicciones, y utilizando la biología sintética, un equipo de investigación dirigido por Matthew Bennett, de la Universidad de Rice, ha construido un circuito biológico novedoso que abarca dos cepas de bacterias genéticamente modificadas, una sirve como activador y la otra como un represor, para regular la expresión de genes a través de múltiples tipos de células, y descubrieron que el circuito genera sorprendentemente robustos ritmos bajo diversas condiciones.

Los resultados de esta investigación, llevada a cabo en colaboración con KAIST (Instituto Coreano de Ciencia y Tecnología), la Universidad de Rice y la de Houston, se han publicado en la revista Science.

El enfoque de investigación de arriba abajo, se centra en la identificación de los componentes de los circuitos biológicos, alcanzando nuestra comprensión de tales mecanismos generadores. La biología sintética, es un campo de rápido crecimiento en la interfaz de las biociencias y la ingeniería.

Los biólogos sintéticos pueden crear circuitos complejos con componentes más simples, y algunos de ellos son capaces de fluctuación, capaces de regular la producción de genes. De la igual manera que ingenieros eléctricos entienden cómo funciona un circuito eléctrico conforme construyen baterías, resistencias y cables, los biólogos sintéticos entienden mejor los circuitos biológicos utilizando genes y proteínas. Sin embargo, debido a la complejidad de los sistemas biológicos, tanto para los experimentos como el modelado matemático es necesario aplicarse codo con codo para diseñar estos circuitos biológicos y comprender su función.

En esta investigación, un enfoque interdisciplinario demostró que un circuito intercelular singular sintético genera ritmos robustos capaz de crear un sistema microbiano cooperativo. En concreto, el análisis matemático de Kim sugirió, y los experimentos lo confirmaron, que la presencia de bucles de retroalimentación negativa, además de un bucle de un núcleo transcripcional de realimentación negativa puede explicar la robustez de los ritmos de este sistema. Este resultado proporciona pistas importantes sobre el mecanismo fundamental para la generación robusta de ritmos en los sistemas biológicos.

Además, en lugar de la construcción de todo el circuito dentro de una única cepa bacteriana, el circuito se dividió entre dos cepas de la bacteria Escherichia coli. Cuando se cultivaron conjuntamente las cepas, las bacterias intercambiaban información, completando el circuito. Por tanto, esta investigación también demuestra cómo, mediante la regulación de células individuales dentro del sistema, se pueden controlar los sistemas biológicos complejos, lo cual a su vez influye en las otras células (p. ej., el microbioma intestinal de los humanos).

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Fuente: The Korea Advanced Institute of Science and Technology (KAIST), vía EurekAlert.org .
Imagen: Este esquema es el diseño de un circuito biológico entre dos cepas de bacterias, y parte de las ecuaciones diferenciales que utilizadas para entender la función del circuito biológico. Crédito: KAIST
Publicación: Y. Chen, J. K. Kim, A. J. Hirning, K. Josi , M. R. Bennett. Emergent genetic oscillations in a synthetic microbial consortium. Science, 2015; 349 (6251): 986 DOI: 10.1126/science.aaa3794.

Descubren restos arqueológicos de un palacio micénico de hace 3600 años

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Referencia: Sci-news.com, 28 agosto 2015
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Los arqueólogos que trabajan en el lugar de Agios Vasileios en el valle de Esparta, al sur del Peloponeso, han descubierto las ruinas de un antiguo palacio de la época micénica y un buen número de artefactos, incluyendo tabletas de arcilla lineal B, espadas y otros artículos de lujo.

Esta imagen muestra los restos de un palacio micénico en el sitio arqueológico de Agios Vasileios, en el valle de Esparta, Peloponeso.
El palacio tenía diez habitaciones y probablemente fue construido alrededor de 1600 aC.

Fue destruido por un gran fuego entre 1500 y 1300 aC., de acuerdo con los directores de la excavación, el profesor Angelos Delivorias, del Museo Benaki y la Universidad de Atenas, y el Dr. Stavros Vlizos, de la Universidad Ionian.

En el sitio encontraron figurillas de arcilla de ganado, una estatuilla de marfil de un varón, una taza adornada con una cabeza de toro, un sello mostrando un nautilus, fragmentos de murales y veinte espadas de bronce.

También desenterraron varias tablillas de arcilla escritas en Lineal B, una escritura griega pre-alfabética.

Los textos de las tablillas se refieren a personas (p.ej., Antíoco) y nombres de lugares, textiles, sustancias para la fabricación de perfumes, un gran número de espadas, y vasos trípodes.

Las pinturas murales son representaciones de figuras humanas, así como de ornamentos.

"Ha quedado preservada una pierna enfundada en un greba sobre un fondo azul, una cabeza femenina dentro de bandada, y parte de una rueda de carro", dijo el equipo.

Restos del palacio micénico
"El descubrimiento proporciona nueva información sobre las creencias y sistemas de lenguaje del pueblo micénico."

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Imagen 1 y 2. Crédito: Angelos Delivorias / Stavros Vlizos / Greek Ministry of Culture.

Aprendizaje activado por luz

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Referencia: Alpha Galileo.org. 28 de agosto de 2015
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Un equipo franco-alemán ha desarrollado un interruptor sensible a la luz que regula una proteína implicada en la neurobiología de la plasticidad sináptica. El agente promete arrojar nueva luz sobre la fenomenología del aprendizaje, la memoria y la neurodegeneración.

transmisión sináptica
El aprendizaje se hace posible debido al hecho de que las conexiones funcionales entre las células nerviosas del cerebro están sujetas a la remodelación constante. Como resultado de la modificación de la activación dependiente de estos enlaces ("plasticidad sináptica'), los circuitos que son repetidamente estimulados "aprenden" a transmitir señales cada vez más eficientes. Se crer que este proceso proporciona la base molecular para el aprendizaje y la memoria, permitiendo que la información codificada en dichas redes recuerden y exploren las situaciones nuevas.

Los objetivos principales para modificar son las proteínas receptoras especializadas en las membranas de las células nerviosas que median la transmisión de señales eléctricas entre las neuronas individuales. Un equipo de investigadores dirigido por Dirk Trauner, profesor de Biología Química y Genética en la LMU, en colaboración con sus colegas del Instituto Pasteur de París, han sintetizado una sustancia química llamada azobenceno-triazol-glutamato (ATG), que actúa como un neurotransmisor sensible a la luz sobre los receptores NMDA, lo que les permite controlar la actividad de una clase particular de receptores cruciales para la formación y el almacenamiento de recuerdos. El compuesto proporciona una nueva y poderosa herramienta para los investigadores interesados ​​en sondear los mecanismos que subyacen a la memoria a corto y largo plazo. Los resultados aparecen en el journal "Nature Communications".

Las células nerviosas individuales generalmente utilizan mensajeros químicos para comunicarse entre sí. Estos neurotransmisores son liberados por unas estructura especializada denominada sinapsis, ubicadas en el extremo de la fibra de transmisión de la señal (el axón), y dispersa a través de la hendidura sináptica, una estrecha grieta que separa las células nerviosas unas de otras. Esta química une a los receptores de la neurona "post-sináptica". La célula post-sináptica reacciona en función de la naturaleza del neurotransmisor y el receptor correspondiente. "En este contexto, el llamado receptor NMDA es muy especial", apunta Laura Laprell, una estudiante de doctorado en el grupo de Trauner y primera coautora del nuevo estudio. "Es el principal responsable del hecho de que tengamos la capacidad para formar recuerdos y la capacidad de aprender."

"Una mejor comprensión de esta clase de receptores, junto con la capacidad de controlar su actividad, es de gran interés en este contexto", añade Trauner. "Ahora estamos cooperando con otros grupos que quieran utilizar ATG específicamente, para entender el papel de estos receptores en las enfermedades neurodegenerativas."

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Fuente: Ludwig-Maximilians-Universität München (LMU)
Publicación: Optical control of NMDA receptors with a diffusible photoswitch. Laura Laprell, Emilienne Repak, Vilius Franckevicius, Felix Hartrampf, Jan Terhag, Michael Hollmann, Martin Sumser, Nelson Rebola, David DiGregorio y Dirk Trauner. Nature Communications 2015 .

sábado, 29 de agosto de 2015

Notas sobre el Cosmos: El Plasma

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Referencia: Thunderbolts.info .
“Notes on an Incipient Cosmos Part Two”
por Mel Acheson, 17 de agosto 2015
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La astronomía institucional tiene un punto ciego en su visión intelectual desde el principio. Aunque los astrónomos reconocen que todo lo que ven es plasma, no consiguen (o se niegan) a ver las propiedades electromagnéticas empíricamente descubiertas del plasma. Los hábitos de pensamiento etiquetan el plasma como el cuarto estado de la materia; en esa despreocupada familiaridad se imaginan que es un gas ionizado; la inercia de esta previa creencia deriva sus propiedades de de la dinámica de gas con una pizca de magnetismo incorporado. Se convierte así en el "tercer estado", y por tanto, simplemente en otro nombre para el gas. Este pensamiento se relaja a sus formas más habituales.

Sin embargo, lo que se pierde es el conocimiento de que las propiedades electromagnéticas de plasma podrían explicar la sorpresa ante cada nueva observación viendo que se desvía lejos de la esperado. Los astrónomos enfocan las nuevas observaciones esperando ver lo que ellos creen. Ellos miran un universo que tiene un 96 por ciento de plasma y ven un universo que tiene un 96 por ciento inexplicable con las teorías tradicionales. Así que les toca salvar el abismo con juegos malabares.

Un siglo de experimentos con plasma indican que no es simplemente otro estado de la materia. Es un patrón de comportamiento —la actividad electromagnética— que puede aparecer en cualquier estado. Es descrito por las leyes de Maxwell, no por Newton ni por Einstein. Las leyes de Maxwell dan cuenta de que las nuevas observaciones son más coherentes, concretas y empíricas que con las leyes de Newton o Einstein: no se requieren malabarismos (1)

Pensar que el plasma es un gas ionizado induce a la visión posterior de la dinámica de gases, la termodinámica y a la dinámica gravitacional. La electrodinámica se pasa por alto. La importancia de mover partículas cargadas en el espacio desapareció con los modelos electrostáticos simplistas, que ignoran los movimientos de las partículas, y concluyen que "no hacen nada" eléctricamente. El hecho de que las partículas cargadas en movimiento constituyen de por sí una corriente eléctrica e implican la presencia de un circuito eléctrico pasa desapercibido. Las cargas en movimiento se llaman "vientos" y "lluvias", y los nombres meteorológicos eclipsan los efectos eléctricos.

Las fuerzas pinch (pinzamiento) de plasma Bennett organizan la materia en filamentos; los astrónomos se sorprendieron al ver los filamentos pero desistieron de su sorpresa cuando empezaron a calificarlo de "frentes de choque" y "colapso gravitacional". Los electrones de las corrientes de campo alineado (Birkeland) de plasma emiten radiación de sincrotrón, pero la radiación desde el espacio se traduce en una temperatura del gas es sorprendentemente alta o de múltiples valores. Las dobles capas contienen fuertes campos eléctricos que pueden acelerar los iones a energías de rayos cósmicos, y además, pueden explotar con energías procedentes de todo el circuito, es decir, con más energía que lo que está disponible localmente. Al no estar al tanto de las propiedades del plasma demostradas en laboratorio, los teóricos convencionales idean mecanismos incontrastables para el colapso de las estrellas, el rebote, que genera una sobrenatural explosión de energía, y un "lanzamiento" de partículas cargadas a energías de rayos cósmicos.

Los hábitos, la familiaridad, la inercia ..., si uno piensa con los mismos viejos esquemas, siempre verá el mismo viejo escenario. Los astrónomos nunca utilizarían un telescopio sin primero entender cómo funciona y se calibra. Sin embargo, rara vez prestan atención a las labores de su instrumento principal: su aparato sensorial y cognitivo.

Hace más de un siglo, los médicos inventaron un procedimiento para eliminar las cataratas de los ojos de la gente. Entre sus primeros pacientes se contaban personas que por ese motivo estaban ciegas desde su nacimiento. La cirugía les permitió ver por primera vez como recién nacidos. Pero a diferencia de los recién nacidos, ellos habían adquirido el lenguaje y así fueron capaces de contar a los médicos lo que experimentaban (2).

No vieron "cosas" que estaban "ahí fuera"; veían manchas sin sentido de color en movimiento. Las manchas no sólo se confundían en sí mismas, sino que les causaba confusión con otros sentidos. Su más reciente visión de las personas y su comprensión del mundo quedaron interrumpidas. Tuvieron que dar sentido a todo de nuevo. Los pacientes tuvieron que aprender a interpretar esas manchas de color de forma que fueran compatibles con sus otras sensaciones.

Esto les obligó a concebir nuevas ideas de las "cosas". Ahora, una cosa no era sólo un hecho dado, sino un grupo de sensaciones que nuestra mente combina bajo un concepto de unidad. Estamos tan acostumbrados al proceso que lo damos por sentado. Una cosa es una construcción cognitiva de fragmentos sensoriales y conceptuales. Las personas que recién podían ver estaban inundados por estos fragmentos de sensación y no tenía ninguna estructura conceptual para darles sentido. Ellos tuvieron que desarrollar un concepto de "espacio" sobre el cual las cosas podían interrelacionarse.

La mayoría de ellos, no tenían el concepto de espacio. Las "cosas" situadas en un "espacio" era una forma totalmente nueva de entendimiento. Pero antes de que pudieran aprenderlo, ellos tenían que "desaprender" muchas formas de entender las cosas y las relaciones que se habían desarrollado sin las sensaciones visuales. Las viejas ideas no podían adaptarse a las nuevas sensaciones visuales.

La tarea era difícil. Algunos pacientes se dieron por vencidos, cerraron los ojos y volvieron a su antigua vida en un hogar para personas ciegas. Los médicos se sorprendieron al descubrir que el hecho de ver (la comprensión de las sensaciones visuales como "cosas" en el "espacio") era algo que se tenía que aprender. La mayoría de nosotros lo damos por sentado. La metáfora, ‘ver para creer’, nos la tomamos literalmente, ninguna interpretación o teoría parece ser necesaria.

Los nuevos instrumentos de la era espacial han eliminado las "cataratas" de nuestras conocidas limitaciones sensoriales biológicas, y percibir desde el principio las manchas de los nuevos "colores". Nunca hemos visto rayos X o las ondas de radio. Nunca habíamos visto el universo desde fuera de la superficie terrestre. Nunca antes habíamos recogido un puñado de tierra marciana, ni un rociado de agua en Encelado. Nunca antes se había quedado nuestro dedo  atrapado en el enchufe de alto voltaje del Sol

Tenemos que aprender nuevas formas de ver las cosas en un nuevo espacio. No es sorprendente que los expertos del viejo enfoque estén teniendo dificultades para aprender, y muchos se refugien en la casa de la ciega astronomía. Lo que los astrónomos piensan que ven es mayormente "pensar" y muy poquito de "ver". Los mismos viejos pensamientos inspirados en el goteo de fotones desde el continuo titilar de las estrellas filtran la corriente ahora henchida de fotones en los mismos viejos colores de sus teorías. Interponiendo un computador entre el telescopio y el ojo han mejorado la visión, pero han convertido el pensamiento en un videojuego. Para ver el plasma bajo una nueva luz empírica, debemos primero descartar los viejos pensamientos.

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Imagen: plasma. crédito thunderbolt.info
(1) See Boris V. Somov, Fundamentals of Cosmic Electrodynamics, Springer, 1994 or Anthony L. Peratt, Physics of the Plasma Universe, Springer, 1992
(2) Marius von Senden, Space and Sight: The Perception of Space and Shape in the Congenitally Blind Before and After Operation, Methuen and Co. Ltd., 1960.

Químicos resuelven una parte fundamental del funcionamiento celular

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Referencia Phys.org , 27 de agosto 2015
"Chemists solve major piece of cellular mystery"
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No está permitido que entre cualquier cosa en el núcleo, el corazón de las células eucariotas, donde, entre otras cosas, se almacena la información genética. Una membrana doble, llamada envoltura nuclear, actúa como un muro, protegiendo los contenidos del núcleo. Cualesquiera moléculas que traten de entrar o salir del núcleo deben hacerlo a través de un controlador de acceso celular, conocido como complejo de poro nuclear (CPN), o poro, que existe dentro de la envoltura.

Un equipo de bioquímicos, dirigidos por André
Hoelz de Caltech, ha resuelto la arquitectura
del complejo anillo interior del poro nuclear,
un subcomplejo fundamental para que la
capacidad de la máquina celular sirva como
barrera y facilitador de transporte.
Crédito: Lance Hayashida/
Caltech and the Hoelz Laboratory/ Caltech
¿Que hace del CPN un eficaz guardián de acceso, previniendo la entrada en el núcleo mientras que ayuda al transporte de ciertas moléculas a través de la envoltura nuclear? Los científicos han estado tratando de averiguarlo desde hace décadas, al menos en parte, dado que el NPC es la diana de una serie de enfermedades, incluyendo algunas formas agresivas de leucemia y de los trastornos del sistema nervioso, como una forma hereditaria de la enfermedad de Lou Gehrig. Ahora, un equipo liderado por André Hoelz, profesor asistente de bioquímica en Caltech, ha resuelto la pieza crucial de este rompecabezas.


En febrero de este año, Hoelz y sus colegas publicaron un artículo que describe la estructura atómica de la compleja capa nucleoporina del NPC, un subcomplejo que forma lo que ahora llamamos anillos externos (ver ilustración). Sobre la base de ese trabajo, el equipo ha resuelto la arquitectura de anillo interno del poro, un subcomplejo que es fundamental para que el NPC pueda servir como barrera y  facilitador de transporte. A fin de determinar esa arquitectura, la cual determina cómo las proteínas del anillo interactúan entre sí, los bioquímicos construyeron el complejo en un tubo de ensayo y luego los disecaron sistemáticamente para entender las interacciones entre los componentes individuales. Más tarde validaron que así es cómo realmente funciona en vivo, en una especie de hongo.

Durante más de una década, otros investigadores han sugerido que el anillo interno es muy flexible y se expande, para permitir el paso de grandes macromoléculas a su través. "Se han propuesto algunos modelos complicados intentando explicar cómo esto podría suceder", apunta Hoelz. Pero ahora él y sus colegas, han demostrado que estos modelos son incorrectos y que estas supuestas dilataciones simplemente no ocurren.

"Usando un enfoque interdisciplinario, hemos resuelto la arquitectura de este subcomplejo y hemos demostrado que no cambia de forma significativa", explica Hoelz. "Es un andamio relativamente rígido incorporado en el poro y, básicamente, se asienta como una decoración, como pompones en una bicicleta. No puede dilatarse."

El nuevo documento aparece en línea del 27 de agosto en la revista Science Express. Los cuatro coautores principales del artículo son los posdoctorados de Caltech, Tobias Stuwe, Christopher J. Bley, y Karsten Thierbach, y el graduado Stefan Petrovic.

Este video cuenta con una estructura de cristal tridimensional de rotación. Crédito: Andre Hoelz / Caltech y Ciencia

Juntos, los anillos interno y externo, constituyen el núcleo simétrico de NPC, una estructura que incluye 21 proteínas diferentes. El núcleo simétrico se llama así debido a su simetría radial (los dos subcomplejos restantes del NPC son específicos, ya sea el que mira hacia el citoplasma de la célula o el que mira hacia el núcleo, por tanto no son simétricos). Tras haber resuelto la estructura de la capa del complejo nucleoporina y localizarlos en los anillos exteriores, los investigadores sabían que el resto de componentes que no están anclados a la membrana deben compensar al anillo interno.

Empezaron a resolver la arquitectura al centrarse en el canal del complejo nucleoporina, o canal, que recubre el canal de transporte central y se compone de otras tres proteínas, lo que representa alrededor de la mitad del anillo interno. Este complejo produce estructuras filamentosas que sirven como sitios de atraque para proteínas específicas que transportan moléculas a través de la envoltura nuclear.

Los bioquímicos emplearon bacterias para fabricar proteínas asociadas con el anillo interno en un tubo de ensayo y fue mezclado en varias combinaciones hasta construir toda el subcomplejo. Una vez reconstituido éste, pudieron modificarlo para investigar cómo se mantiene unido y cuáles de sus componentes son críticos, y determinar cómo está conectado el canal para el resto del poro.

Arquitectura del anillo interno del NPC  propuesto por el equipo liderado por Caltech. Crédito: Hoelz Laboratorio / Caltech

Hoelz y su equipo, encontraron que el canal está unido por un solo sitio. Esto significa que no se puede estirar de manera significativa debido a que tales cambios en su forma requerirían múltiples puntos de unión. Hoelz señala que un nuevo estudio de microscopía electrónica de NPC, publicado en 2013, por el grupo de Martin Beck en el European Molecular Biology Laboratory (EMBL) en Heidelberg, Alemania, indicó que el canal central es más grande de lo que se pensaba y lo suficientemente amplio para dar cabida incluso el más grande cargas conoce para pasar a través del poro.

Cuando los investigadores introdujeron mutaciones que eliminan eficazmente la fijación única del canal, el complejo ya no pudo ser incorporado en el anillo interior. Después de probar esto en el tubo de ensayo, también demostraron su certeza en las células vivas.

"Todo este complejo es una máquina muy complicada de montar. Lo interesante aquí es que la naturaleza ha encontrado una manera elegante de esperar hasta el final de la unión del poro nuclear para incorporar el canal", resalta Hoelz. "Al incorporar este canal, se establecen dos cosas a la vez: se forma inmediatamente una barrera y se genera la capacidad de regular el transporte que se produzca a través del poro". Antes de la incorporación del canal, había simplemente un agujero a través del cual las macromoléculas podían pasar libremente.

A continuación, Hoelz y sus colegas utilizaron cristalografía de rayos X para determinar la estructura del canal del subcomplejo de nucleoporina enlazando al adaptador de nucleoporina Nic96, cuyo único sitio es adjunto al poro nuclear. En la cristalografía de rayos X se aplican rayos X sobre una muestra cristalizada y se analiza el patrón de los rayos reflejados por los átomos en el cristal. Dado que el NPC es una grande y compleja máquina molecular, que también tiene muchas partes móviles, ellos usaron un anticuerpo diseñado esencialmente para "pegar" muchas copias del complejo en su lugar y formar una muestra cristalina bien ordenada. Luego se analizaron cientos de muestras utilizando el Observatorio Molecular de Caltech (unas instalaciones desarrolladas con el apoyo de la Fundación Gordon y Betty Moore), que incluye una línea de haz de rayos X automatizada en el Laboratorio Sincrotrón de Radiación de Stanford, que se puede controlar de forma remota desde Caltech, y el haz de GM/CA de la Advanced Photon Source en el Laboratorio Nacional de Argonne. Eventualmente, fueron capaces de determinar el tamaño, la forma y la posición de todos los átomos del canal subcomplejo de nucleoporina y su ubicación dentro del NPC.

Los investigadores también resolvieron una serie de estructuras cristalinas de otras partes del NPC, y determinaron la forma en que éstas interactúan con los componentes del anillo interno. Al hacerlo, demostraron que uno de estas interacciones es crítica para el posicionamiento del canal en el centro del anillo interno. Hallaron, además, que se necesita de un posicionamiento exacto para la exportación adecuada desde el núcleo de mRNA y los componentes de los ribosomas, los complejos que hacen proteínas de la célula, permitiendo el flujo fundamental de la información genética del ADN al mARN a la proteína.

En última instancia, a Hoelz le gustaría entender cómo funciona el NPC con gran detalle, a fin de poder generar terapias para las enfermedades asociadas con la disfunción de este complejo. También sueña con la creación un poro completo en el tubo de ensayo y así estudiarlo plenamente y entender lo que sucede, ya que se ha modificado de varias maneras. "Igual que cuando dije que quería resolver la estructura atómica del poro nuclear, también dirán que estoy loco por tratar de hacer esto", dice. "Pero si no lo hacemos, es probable que nadie más lo haga."

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Publicacion: Architecture of the fungal nuclear pore inner ring complex, Science.
Fuente: California Institute of Technology

miércoles, 26 de agosto de 2015

El nacimiento de la mayor corriente oceánica del planeta

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Referencia: Science Daily.com , 25 de agosto 2015
“Ocean currents: Debut of the global mix-master”
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 El Corriente Circumpolar Antártica circunda a la Antártida en un flujo constante hacia el este del Océano Austral. Los investigadores han determinado que se originó hace 30 millones de años, varios millones de años después de la apertura tectónica de un canal de aguas profundas en Tasmania. Este canal de entrada de Tasmania era inicialmente el conducto para el flujo de corriente hacia el oeste, pero en cuanto este canal emigró tectónicamente al norte, con el tiempo se ha ido alineando con los vientos del oeste de latitudes medias e inició la Corriente Circumpolar Antártica.

Corriente Circumpolar Antártica
Moviéndose a través de la alto ártico canadiense desde hace casi 20 años, Howie Scher tuvo un encuentro inesperado que le ayudó a fijar el curso de su carrera.

Cuando estudiante, viajó en una expedición de investigación durante unas vacaciones de verano. Scher era parte de un grupo científico que viajaba al Círculo Polar Ártico profundo, para recoger núcleos de basalto para el análisis paleomagnético. Tan centrado estaba el equipo en la búsqueda de rocas con minerales magnéticos que han podido ayudar a establecer dónde se habían formado en la Tierra, había unos depósitos pedregosos, que una vez estuvieron muy activos, lo que realmente llamó la atención colectiva del equipo.

"Nos encontramos con una cama de huesos fósiles", comentaba Scher. "Estábamos sacando fósiles de vertebrados --cocodrilos, tortugas, peces óseos--, y cuando llegamos a casa se los mostramos a un paleontólogo que nos dijo que eso era un ensamble de agua tibia. Aquello fue una gran experiencia en su primer año en la universidad, y me llevó a estar muy interesado por el clima, de ver cómo pudo ser tan diferente de mi experiencia en el pasado, tan cerca del Polo Norte, caminando por la nieve ".

Ahora, como profesor asociado de la Universidad de Carolina del Sur, Scher está formado profesionalmente en climatología, forma parte de un equipo internacional que ha publicado recientemente un informe que apunta al génesis de una de las piedras angulares del actual sistema climático de la Tierra, la Corriente Circumpolar Antártica.

El constante flujo hacia el este del agua de mar del Océano Austral que rodea la Antártida, la Corriente Circumpolar Antártica, es similar a la Corriente del Golfo, una corriente que mueve el agua a través del Océano Atlántico desde la punta de la Florida, a lo largo de la costa este de América del Norte y, por extensión, de la Corriente del Atlántico Norte, hasta las costas de Europa occidental y septentrional. La Corriente del Golfo transporta las cálidas aguas del sur hacia el norte, es por eso que muchos países europeos tienen climas más templados de lo que cabría esperar por sus latitudes (el clima relativamente leve de Londres, por ejemplo, se encuentra a más de 500 millas más al norte que Toronto).

Pero si la Corriente Circumpolar Atlántica es algo así como la Corriente del Golfo, existe una notable diferencia: es todavía más grande.

"Hoy dia es la corriente oceánica más grande, y la única que conecta todas las cuencas oceánicas", subrayó Scher. "El Atlántico, el Pacífico y el Índico son enormes océanos, pero todos están delimitados por los continentes, tienen fronteras firmes. El Océano Austral que rodea la Antártida, es la única banda de latitud donde hay un océano que conecta de forma continua todo el globo. Debido a eso, los vientos que soplan sobre el Océano Austral soplan sin obstáculos por las barreras continentales.

"Así que la distancia a la que el viento puede soplar sobre el océano, que los oceanógrafos llamamos "fetch", es infinita. Y el fetch es una de las cosas que determinan cuán altas son las olas, cuánta mezcla llevan los océanos, y en última instancia, lo que impulsa las corrientes oceánicas superficiales. Con un fetch infinito, tendremos una corriente oceánica muy fuerte, y dado que esta banda oceánica conecta con todos los océanos del mundo, transporta el calor, la sal y los alimentos por todo el mundo."

En un artículo publicado recientemente en la revista Nature, Scher y su equipo hablan precisamente de cuando esta corriente masiva del océano empezó a fluir. La disposición de las masas continentales de un pasado distante eran un obstáculo directo, La Antártida y Australia eran parte de un único supercontinente, Gondwana, que empezó a separarse hace unos 83 millones de años, por lo que los océanos Pacífico e Índico no pudieron haber estado en contacto cerca del Polo Sur antes de esa fecha.

Fue mucho más tarde, tras la separación inicial de Australia y la Antártida, que profundas corrientes oceánicas empezaron a fluir entre los dos continentes. Los paleoceanógrafos han identificado una transición, la apertura de una puerta de entrada en Tasmania, un canal de aguas profundas entre Tasmania y la Antártida, como parte necesaria para cualquier flujo sostenido a gran escala que dé lugar a la Corriente Circumpolar Antártica.

Utilizando esta novedosa información acerca de la separación de la Antártida y Australia, Scher y su equipo desarrollaron un modelo tectónico que mostraba que dicho canal de Tasmania, primero se fue desarrollando al menos a 500 metros de profundidad en algún momento entre 35 y 32 millones de años.

A partir de los análisis geoquímicos del núcleo de sedimento, sin embargo, llegaron a la conclusión que la apertura del canal a esa profundidad no era suficiente para que fluyera la Corriente Circumpolar Antártica. El Océano Pacífico está en contacto con la mucho más jóvenes rocas del Océano Índico, apunta Scher, lo que conduce a una concentración distintiva en cada océano del isótopo de neodimio, que tiene una vida media más larga que el sistema solar.

Mediante la medición de las composiciones isotópicas de neodimio, incorporados en los dientes de peces fósiles de las muestras, el equipo pudo establecer que el flujo de la corriente hacia el este, entre el Pacífico y el Índico, no comenzó hasta hace unos 30 millones de años, unos 2 a 5 millones de años después de que se abriera el canal de Tasmania.

Tomando en cuenta ambos datos geofísicos y geoquímicos, concluyeron que aunque el canal de entrada de Tasmania era lo suficientemente amplio como para dar cabida a una corriente profunda, estaba situado demasiado al sur para estar en contacto con los vientos alisios de las latitudes medias, que son la fuerza motriz que hoy empuja hacia el este la Corriente Circumpolar Antártica.

En cambio, cuando el canal de entrada se abrió por primera vez, el agua fluía inicialmente hacia el oeste, al contrario de hoy en día, de acuerdo con la localización de los vientos polares que prevalecen en las latitudes más meridionales.

Sólo cuando ambos continentes, y el canal de entrada entre los dos, la derivó hacia el norte, a caballo de sus placas tectónicas en los siguientes millones de años, se produjo la alineación con los vientos alisios. Con esta reversión del flujo de la corriente hacia el este, hizo nacer la Corriente Circumpolar Antártica.

"Esta es la combinación global maestra de los océanos, cita de Wally Broecker (of Columbia University's Lamont-Doherty Earth Observatory), y así ha sido llamada por los oceanógrafos durante 50 años", señala Scher. "La Corriente Circumpolar Antártica es, actualmente, la corriente más grande del mundo, que influye en el intercambio de calor y de carbono, y realmente no se sabía desde hace cuánto tiempo ha estado operativa, era un gran vacío en la historia de la Tierra. Ha sido verdaderamente un resultado genial."

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Fuente: University of South Carolina .
Imagen: La Corriente Circumpolar Antártica bloquea, de forma equivalente que la Corriente del Golfo lo hace en el Hemisferio Sur, la entrega de calor a la Antártida. Crédito:  imagen adaptada de Nature.
Publicación: Howie D. Scher, Joanne M. Whittaker, Simon E. Williams, Jennifer C. Latimer, Wendy E. C. Kordesch, Margaret L. Delaney. Onset of Antarctic Circumpolar Current 30 million years ago as Tasmanian Gateway aligned with westerlies. Nature, 2015; 523 (7562): 580 DOI: 10.1038/nature14598 .

Más allá de la libertad y la dignidad, de B. F. Skinner (5)

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Burrhus Frederic Skinner
Más allá de la libertad y la dignidad
(1971)
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- Ver capítulo 2 — Libertad .
- Ver capítulo 3 — Dignidad .
- Ver capítulo 4 — Castigo .
- Ver capítulo 5 — Alternativas para el Castigo
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5 — Alternativas para el castigo

Los campeones de la libertad y la dignidad no se limitan, por supuesto, a la adopción de medidas punitivas, sino que recurren a otras alternativas de forma apocada y tímida. Su polarizada atención por el hombre autónomo les aboca solamente a medidas ineficaces, algunas de las cuales vamos a examinar a continuación.

Tolerancia absoluta

Una permisibilidad total ha sido propuesta como una de las posibles alternativas del castigo. No se debe ejercer control de ninguna clase, y la autonomía del individuo, por consiguiente, permanecerá incuestionada. Si una persona se comporta bien, se debe a una de dos: o es buena por naturaleza o se domina. Quedan garantizadas la libertad y la dignidad. Un hombre libre y virtuoso no necesita gobierno alguno (el gobierno no hace sino corromper), y aun bajo la anarquía será naturalmente bueno y se le admirará por ello. No necesita ninguna ortodoxia religiosa; es piadoso, y se comporta piadosamente sin necesidad de seguir reglas de ninguna clase, quizá con la ayuda directa de la experiencia mística. No necesita incentivos económicos establecidos; es naturalmente industrioso y cambiará parte de lo que gana con otros, en términos correctos, bajo las condiciones naturales de la oferta y la demanda. No necesita de maestros; aprende porque le gusta aprender, y su curiosidad natural es la que le dicta lo que necesita saber.

Si la vida se complica con exceso, o si su estatus natural queda alterado por accidente o por la intrusión de posibles controladores, puede que entonces tenga problemas personales, pero encontrará por sí mismo sus propias soluciones sin la dirección de ningún psiquiatra.

Es posible que ciertas prácticas tolerantes tengan muchas ventajas. Por lo pronto, ahorran el trabajo de supervisión y la imposición de sanciones. No provocan contraataques. No exponen a quienes las practican a ser acusados de restringir la libertad o destruir la dignidad. Le exoneran cuando las cosas no van bien. Si los hombres se comportan mal entre sí, en un mundo de excesiva tolerancia, ello se debe a que la naturaleza humana nunca es perfecta. Si luchan unos con otros cuando no hay gobierno, para preservar el orden, es porque tienen instintos agresivos. Si un niño se convierte en delincuente cuando sus padres no han hecho esfuerzo alguno para controlarle, éste es el resultado de las malas compañías o de sus tendencias criminales.

La tolerancia absoluta, con todo, no es una norma de conducta; es más bien la falta de toda norma de conducta, y sus aparentes ventajas son sólo ilusorias. Rehusar todo tipo de control es abandonar ese control no a la misma persona interesada, sino a otros sectores de los ambientes social y no-social.

El controlador como comadrona

Un método para modificar la conducta sin parecer hacerlo, sin ejercer control aparentemente, queda representado por la metáfora socrática de la comadrona: una persona ayuda a otra para que ésta dé a luz una conducta determinada. Puesto que la comadrona no juega papel alguno en la concepción, y muy escaso en el parto, la persona " que da a luz esa conducta será la que reciba los elogios por ella. Sócrates demostró en la educación el arte del alumbramiento, su mayéutica.

Pretendía demostrar cómo a un niño esclavo, iletrado, se le podía conducir a demostrar el teorema de Pitágoras para doblar el cuadrado. El niño asentía a los pasos sucesivos de la prueba, y Sócrates aseguraba que así lo hacía sin que de antemano se le hubiera dicho nada. En otras palabras, que el muchacho "sabía" el teorema en cierto sentido por completo. Sócrates afirmaba entonces que aun el conocimiento ordinario podía deducirse de la misma forma, puesto que el alma conocía la verdad y tan sólo necesitaba que se le demostrara que la sabía. El episodio se cita muy frecuentemente como si fuera pertinente a la práctica educativa moderna.

La metáfora aparece también en las teorías de la psicoterapia. Al paciente no hay que decirle cómo comportarse más eficazmente, ni darle instrucciones para solucionar sus problemas. La solución la lleva él mismo dentro, y lo único que tiene que hacer es alumbrarla con la ayuda del terapeuta-comadrona. Como un autor ha dicho, "Freud compartía con Sócrates tres principios: conócete a ti mismo; virtud es conocimiento; y el método mayéutico, o el arte de ser comadrona, que es, por supuesto, el proceso (psico-) analítico". En el terreno religioso, prácticas semejantes quedan asociadas al misticismo: una persona no tiene necesidad de seguir regla alguna, como lo exigiría la ortodoxia. La conducta adecuada surgirá espontáneamente de las fuentes interiores.

La partería intelectual, terapéutica o moral, no es más fácil que el control punitivo, porque exige sutil habilidad y atención concentrada, pero tiene sus ventajas. Parece conferir un poder extraño a quien la practica. Como el uso cabalístico de alusiones e insinuaciones, alcanza resultados aparentemente desproporcionados con las medidas empleadas. Sin embargo, la aparente contribución del individuo no se reduce. Se le elogia sin reservas por conocer antes de aprender, por tener en su interior las semillas de una buena salud mental, y por ser capaz de entrar en comunicación directa con Dios. Una ventaja importante estriba en el hecho de que quien la practica elude toda la responsabilidad. Del mismo modo que la comadrona no tiene la culpa si el niño nace muerto o deformado, de igual modo el maestro queda a salvo aunque el alumno fracase, el psicoterapeuta cuando el paciente no soluciona su problema, y el líder místico religioso cuando sus discípulos acaban descarriados.

Las prácticas mayéuticas tienen su sentido. Una cuestión delicada que se plantea en ellas es conocer cuánta ayuda debe proporcionar el maestro al discípulo, conforme éste va adquiriendo formas nuevas de conducta. El maestro debería esperar la respuesta del estudiante más bien que apresurarse a decirle lo que debe hacer o decir. Como dijo Comenius, cuanto más enseña el maestro, menos aprende el discípulo. El estudiante avanza de otra forma. En general se puede decir que no nos gusta que se nos enseñe lo que ya sabemos, ni aquello que en cualquier caso no hemos de llegar a dominar o que maldita la falta que nos hará. No solemos leer libros, ni cuando dominamos la materia a la que se refieren, ni cuando resulta que tratan temas tan absolutamente desconocidos que, libro más, libro menos, nos quedaremos igual. Leemos los libros que nos enseñan a decir aquello que de cualquier forma estamos a punto de decir, pero que no podríamos llegar a formular sin esa ayuda. Entendemos al autor, por más que no podríamos haber llegado a formular lo que entendemos antes de haberlo visto expresado por ese concreto autor.

El paciente de la psicoterapia experimenta ventajas similares. Las prácticas mayéuticas también son útiles porque ejercen más control del que habitualmente es observado, y en parte esto puede ser valioso. Estas ventajas, sin embargo, son mucho menores de lo que se dice. El pequeño esclavo de Sócrates no aprendió nada; no existió evidencia alguna de que el muchacho hubiera podido, más tarde, adentrarse en el teorema por sí mismo. Y tan cierto es con respecto a la mayéutica como con respecto a la tolerancia absoluta: sus resultados positivos pueden ser atribuidos sin duda, a controles desconocidos de otra clase. Si un paciente encuentra una solución sin la ayuda de su terapeuta quizá se deba, sencillamente, a que ha quedado expuesto a un ambiente propicio en algún otro sitio.

Dirección

Otra metáfora que se suele vincular a prácticas débiles está tomada de la horticultura. La conducta que una persona da a luz, crece, y se puede guiar o dirigir, como se guía el crecimiento de una planta. La conducta puede "cultivarse". La metáfora es particularmente popular en el terreno educativo. Una escuela para niños pequeños es denominada "jardín" de infantes o kindergarten. La conducta de la criatura "se desarrolla" hasta que alcanza su "madurez". Un maestro puede acelerar el proceso o dirigirlo hacia metas ligeramente diversas, pero —según la frase clásica— él no puede enseñar, se limita solamente a ayudar al niño a que aprenda por sí mismo. También es frecuente en psicoterapia la metáfora de la dirección. Freud sostenía que una persona debe atravesar diversas etapas de desarrollo, y que si el paciente llega a "fijarse" en una determinada etapa, el psicoterapeuta deberá entonces ayudarle a que se libere de esa "fijación" y continúe avanzando. Los gobiernos utilizan este género de guía o dirección, por ejemplo, cuando estimulan el "desarrollo" de la industria mediante exenciones fiscales o proporcionan un "clima" que resulte favorable para la mejora de las relaciones raciales.

Esta dirección o guía no resulta tan fácil de aplicar como la tolerancia absoluta, pero normalmente es más fácil que el recurso al procedimiento de la comadrona, y tiene algunas de sus mismas ventajas. Quien meramente guía o dirige un desarrollo natural difícilmente podrá ser acusado de intentar controlarlo. El crecimiento permanece siendo una conquista del individuo, atestiguando su libertad y su valor, sus "ocultas inclinaciones", y así como el jardinero no es responsable en última instancia del desarrollo posterior imprevisible de lo que ha plantado y hecho crecer, quien meramente guía una conducta determinada es exonerado cuando las cosas terminan mal.

La dirección, sin embargo, sólo es efectiva en la medida en que ejercita el control. Dirigir significa, bien abrir nuevas oportunidades, bien cerrar el paso al crecimiento en determinadas direcciones. Preparar una oportunidad no suele ser particularmente positivo, pero es, con todo, una forma de control cuando aumenta la posibilidad de que la conducta se produzca en esa determinada dirección apetecida. El maestro que simplemente selecciona el material que el estudiante habrá de estudiar, o el psicoterapeuta que meramente sugiere un cambio de trabajo o de ambiente, ejercen control, por muy difícil de detectar que éste sea.

El control es más obvio cuando el crecimiento o el desarrollo son impedidos. La censura cierra el paso, e impide llegar a ciertos materiales necesarios para el desarrollo en una determinada dirección. De Tocqueville observó esta realidad en la América de su tiempo: "La voluntad del hombre no se espolea, sino que se suaviza, se doblega y se dirige. Rara vez se fuerza a las personas... a actuar, pero constantemente están siendo constreñidas para no actuar". Como expresó Ralph Barton Perry, "cualquiera que decida qué alternativas se le darán a conocer al hombre, controla la materia prima de entre la cual ese hombre elegirá. Se le priva de la libertad en la medida en que se le niega el acceso a cualquier idea, o se le confina a cualquier gama determinada de ideas que no abarquen la totalidad de posibilidades relevantes". Por "se le priva de libertad" léase "se le controla".

Es sin duda alguna valioso el crear un ambiente tal en el que la persona adquiera rápidamente conducta efectiva y continúe comportándose eficazmente. En la construcción de un tal ambiente podemos eliminar distracciones y abrir nuevas oportunidades, y estos son puntos clave en la metáfora de la dirección o crecimiento o desarrollo. Pero las responsables de los cambios observables son en realidad las contingencias por nosotros previamente preparadas, y no la manifestación o el descubrimiento progresivo de un modelo predeterminado.

Crear dependencia de las cosas

Juan Jacobo Rousseau estuvo alerta a los peligros del control social y pensó que sería posible evitarlo convirtiendo a la persona en un ser dependiente no de otras personas, sino de las cosas. En el Emilio expuso cómo un niño podía aprender acerca de las cosas a partir de las mismas cosas, no a través de los libros. Las prácticas que él describió son todavía frecuentes, principalmente a causa del énfasis que John Dewey puso en la vida real dentro de las aulas.

Una de las ventajas de depender de las cosas, y no de otras personas, estriba en el hecho de que de esta forma se ahorran tiempoy energía de esas otras personas. El niño, a quien hay que advertirle constantemente que ya es hora de ir al colegio, depende de sus padres; pero aquel que ha aprendido a responder a relojes o a otras propiedades temporales del mundo que le rodea (aunque no a un "sentido del tiempo"), depende ya de cosas, y exige menos de sus padres, La persona que aprende a conducir un coche sigue dependiendo del instructor mientras necesita que se le diga cuándo utilizar los frenos, cuándo darle al intermitente, cuándo cambiar de velocidad, etc.; pero cuando su conducta cae ya bajo el control natural de las consecuencias de conducir un automóvil, puede prescindir del instructor. Entre esas "cosas", de las cuales la persona podría depender, hay que contar a otras personas, siempre que éstas no actúen específicamente para cambiar su conducta. El niño a quien se le debe enseñar lo que debe decir y cómo comportarse con respecto a otras personas, depende de aquellos que le enseñan; pero el niño que ya ha aprendido a comportarse con los demás puede entonces prescindir de los consejos.

Otra ventaja importante de depender de cosas consiste en que las contingencias que rodean a las cosas son más precisas y modelan una conducta más útil que aquellas contingencias provocadas por otras personas. Las propiedades temporales del ambiente resultan más penetrantes y sutiles que cualquier otro género de recordatorios. Una persona cuya conducta al conducir un coche queda determinada por la respuesta mecánica del coche mismo, conducirá mucho más hábilmente que aquel que sigue instrucciones, sean éstas orales o mentales. Y aquellos que se llevan bien con la gente, como consecuencia de su contacto directo con las contingencias sociales, lo hacen mucho mejor que los que meramente siguen un poco formalmente las instrucciones que se les han dado sobre qué decir y qué hacer.

Estas son ventajas importantes, y resulta atractiva la posibilidad de un mundo en el que toda conducta dependa de las cosas. En un mundo tal todos se comportarían bien con respecto a sus semejantes al haber aprendido a hacerlo mediante el contacto directo con la aprobación o desaprobación de cuantos les rodean. Esa persona, en ese mundo, trabajaría provechosamente y cuidadosamente, e intercambiaría cosas con otros a causa de sus valores naturales. Y aprendería lo que naturalmente le interesara y lo que le sería naturalmente útil. Todo esto sería mejor que obedecer las leyes bajo la amenaza constante de la policía, que trabajar provechosamente por causa de los reforzadores artificiales denominados "dinero", o estudiar para conseguir notas y calificaciones.

Pero las cosas no consiguen el control con facilidad. Los procedimientos que Rousseau describió no eran simples, y con frecuencia fracasan. Las complejas contingencias que rodean a las cosas (incluidas las personas que se comportan "inintencionadamente") sólo pueden tener, por sí solas, muy poco efecto en el individuo a lo largo de su vida —un hecho éste de gran importancia por las razones que más tarde expondremos—. También hay que recordar que el control ejercido por las cosas puede ser destructivo. El mundo de las cosas puede llegar a ser tiránico. Las contingencias naturales inducen a las personas a comportarse de forma supersticiosa, a exponerse a peligros cada vez mayores, a trabajar inútilmente hasta quedar exhaustos, etc. Sólo el contra-control ejercido por un ambiente social puede llegar a paliar en cierta medida estas consecuencias.

La dependencia de las cosas no significa independencia. El niño que no necesita que se le advierta que es hora de ir al colegio es porque está ya bajo el control de otros estímulos más sutiles y más útiles. El niño que ya ha aprendido cómo llevarse bien con otras personas es porque está bajo el control de contingencias sociales. Y las personas que se llevan bien entre sí, bajo las contingencias suaves de la aprobación y la desaprobación, resultan estar tan controladas, tan eficazmente controladas hay que decir, como los ciudadanos de un Estado policíaco (y, en muchos aspectos, más eficazmente). La ortodoxia controla mediante el establecimiento de reglas, pero el místico no es más libre porque las contingencias que han modelado su conducta sean más personales o idiosincráticas. Aquellos que trabajan productivamente por causa del valor reforzador de lo que producen, quedan bajo el sensible y poderoso control de los productos. Aquellos que aprenden en un ambiente natural están bajo una forma de control tan poderoso como cualquier posible control ejercido por un maestro.

Una persona jamás llega a ser verdaderamente autosuficiente. Aunque se las arregle eficazmente con las cosas, necesariamente depende de aquellos que le han enseñado a hacerlo. Y quienes le han enseñado, han seleccionado las cosas de las cuales depende esa persona, y han determinado también las clases y los grados de esa dependencia. (Y no pueden, por consiguiente, declinar la responsabilidad por los resultados.)

Cambios de mentalidad

 Resulta sorprendente comprobar que, aquellos que más violentamente se oponen a la manipulación de la conducta, llevan a cabo sin embargo los más vigorosos esfuerzos para manipular mentalidades. Evidentemente, la libertad y la dignidad quedan amenazadas solamente cuando cambia la conducta por medio del cambio físico del ambiente. Pero no parece que se produzca esa amenaza cuando se modifica la mentalidad, o estado de la mente, a pesar de que esa mentalidad se asegura que es la responsable de la conducta. Seguramente sea esto así porque el hombre autónomo posee poderes milagrosos que le capacitan para ceder o para resistir.

Afortunadamente, quienes se oponen a la manipulación de la conducta, manipulan mentalidades con absoluta libertad: y decimos que afortunadamente porque, de lo contrario, deberían permanecer en silencio. Pero nadie cambia una mentalidad directamente. Por medio de la manipulación de las contingencias ambientales, se consiguen ciertos cambios que —se asegura— son indicativos de cambios de mentalidad, aunque en realidad, si existe algún efecto, se nota en la conducta. El control no es obvio ni muy efectivo, y un cierto control, por consiguiente, parece que siempre lo conserva la persona cuya mentalidad cambia. Examinemos algunas formas características de cómo se lleva a cabo este cambio de mentalidad.

A veces tratamos de inducir a un hombre hacia una conducta determinada por medio de sugerencias (por ejemplo, cuando no es capaz de solucionar por sí mismo un determinado problema); o recomendándole una línea concreta de conducta (por ejemplo, cuando está desconcertado sin saber qué hacer). Las sugerencias, recomendaciones y consejos son estímulos todos ellos, generalmente verbales —aunque no siempre lo sean—, y tienen la propiedad importante de ejercer un control sólo parcial. Nadie responde o reacciona ante una sugerencia, recomendación o consejo a menos que ya tenga alguna tendencia a comportarse de forma determinada. Cuando las contingencias que explican la tendencia previa no son identificadas, entonces la conducta, hasta cierto punto, se atribuye a la mente. El control interno resulta particularmente convincente cuando el externo no queda explícito, como, por ejemplo, cuando se cuenta una historia aparentemente irrelevante, pero que, sin embargo, actúa como sugerencia, recomendación o consejo. El presentar un ejemplo ejerce un género de control muy similar, aprovechando y explotando una tendencia general a conducirse miméticamente. La técnica publicitaria "controla la mente" de esta manera.

También se diría que actuamos sobre la mente cuando urgimos a una persona a actuar, o le persuadimos a que actúe. Etimológicamente, urgir quiere decir presionar o empujar hacia; urgir significa convertir en más urgente una situación aversiva. Urgimos a una persona a que actúe como podríamos empujarle suavemente a la acción. Los estímulos son generalmente suaves, pero son eficaces si en el pasado han quedado asociados a consecuencias aversivas más acusadas. Así, por ejemplo, urgimos a un perezoso diciéndole simplemente: "Fíjate qué hora es": y le inducimos con éxito a que se dé prisa, si en ocasiones anteriores sus retrasos han sido castigados. Urgimos a una persona a que no gaste dinero recordándole lo escaso de su cuenta bancada, y conseguimos la eficacia en el aviso si, de hecho, esa persona, en ocasiones anteriores, lo ha pasado mal por quedarse sin dinero. Persuadimos a la gente, sin embargo, aludiendo a estímulos asociados, por el contrario, con consecuencias positivas. Etimológicamente, esta palabra está relacionada con endulzar o suavizar. Persuadimos a alguien dorándole la píldora, convirtiendo una situación concreta en más favorable para la acción, describiéndole, por ejemplo, consecuencias probablemente reforzadoras. También ahora se produce una aparente desproporción entre la fuerza de los estímulos que utilizamos y la magnitud del efecto conseguido. Urgir y persuadir resultan eficaces tan sólo si se da alguna tendencia previa para actuar en esa línea de conducta, y esa conducta se puede atribuir al hombre interior sólo en la medida en que la tal tendencia no esté explicada.

Creencias, preferencias, percepciones, necesidades, propósitos y opiniones son también algunas otras de las características peculiares del hombre autónomo. También se suele decir que estas peculiaridades cambian cuando conseguimos cambiar la mentalidad de la persona. La creencia de una persona de que el piso por el que camina no se derrumbará bajo sus pies depende de su experiencia pasada. Si lo ha atravesado muchas veces sin contratiempos, así lo hará de nuevo una y otra vez, y su conducta no le proporcionará ninguno de los estímulos aversivos que conocemos con el nombre de ansiedad. Puede que diga que tiene "fe" en la seguridad del piso, o "confianza" de que le sostenga, pero el tipo de cosas experimentadas como fe o confianza no son, en realidad, estados de mente; en el mejor de los casos, son tan sólo concomitantes de la conducta en su relación con hechos anteriores, y no explican por qué una persona camina o pisa como lo hace.

Creamos la "creencia" cuando aumentamos la probabilidad de acción mediante el refuerzo de la conducta. Cuando creamos en una persona la confianza de que el piso le sostendrá, induciéndole a que camine sobre él, quizá no pudiéramos asegurar propiamente que estamos cambiando una creencia, pero sí lo hacemos así en el sentido tradicional cuando le damos garantías verbales de que el piso es sólido, o demostramos su solidez paseando nosotros mismos por él, o describimos su estructura y naturaleza, o las características de su construcción. La única diferencia estriba en la diversa obviedad, o claridad, de las medidas adoptadas en uno y otro casos. El cambio experimentado por una persona que "aprende a fiarse del piso" caminando sobre él resulta ser el efecto característico del reforzamiento; el cambio experimentado cuando se le dice que el piso es seguro, cuando ve que alguna otra persona lo atraviesa sin riesgo, o cuando es "convencido" con razones de que el piso le sostendrá sin problema alguno, entonces, en este segundo caso, el cambio depende ya de experiencias pasadas cuya contribución en conseguir ese convencimiento ya no es obvia o manifiesta. Por ejemplo, una persona que camina sobre superficies probablemente de solidez variable (un lago helado, pongamos por caso) muy rápidamente discrimina conscientemente entre las superficies sobre las que otras personas están caminando, y aquellas otras sobre las que no se ve caminar a nadie, o entre superficies llamadas seguras u otras calificadas de peligrosas. Aprende a caminar confiadamente sobre las primeras, y con precauciones sobre las segundas. Ver a alguien que camina sobre una superficie, o el que se le asegure que no encierra peligro alguno, cambia la situación de la persona con respecto a dicha superficie; de aquella segunda clase de seguridad de que hemos hablado se pasa a la primera. El proceso histórico durante el cual se formó aquella discriminación, o en el cual se efectuó, puede que se haya olvidado. Y entonces el efecto parece implicar aquel suceso interior llamado cambio de mentalidad.

Cambios en preferencias, percepciones, necesidades, opiniones y otros atributos de la mente, pueden ser analizados de la misma forma. Cambiamos la forma en que una persona se fija en algo, tanto como lo que ve cuando se fija, cambiando las contingencias; no cambiamos algo llamado percepción. Cambiamos la fuerza relativa de las respuestas por medio del reforzamiento diferencial de distintas posibilidades de acción; pero lo que cambiamos no es algo llamado una "preferencia". Cambiamos la probabilidad de un acto cambiando una condición de privación o estimulación aversiva; no cambiamos una necesidad. Reforzamos la conducta en las direcciones en que nos interesa hacerlo: pero no proporcionamos a nadie un propósito o una intención. En resumen, cambiamos la conducta hacia algo, no una actitud hacia ello. Seleccionamos e intercambiamos conducta verbal, no opiniones.

Otro procedimiento de cambio de mentalidad consiste en señalar y resaltar las razones por las cuales una persona debería comportarse de un modo determinado. Y estas razones casi siempre son consecuencias que muy probablemente son contingentes sobre la conducta. Digamos, por ejemplo, que un niño anda jugando de forma peligrosa con un cuchillo. Podemos evitar problemas convirtiendo el ambiente en algo más seguro —quitándole el cuchillo o dándole otro inofensivo, con el que no pueda hacerse daño —. Pero semejante solución no preparará al niño para un mundo en el que los cuchillos normalmente serán peligrosos. Abandonado a su suerte, puede que el niño aprenda adecuadamente el uso del cuchillo, precisamente cortándose cada vez que lo utiliza inadecuadamente. Podemos ayudarle sustituyendo esta forma de castigo por otra menos peligrosa —dándole un cachete, por ejemplo, o quizá simplemente amonestándole cuando observamos que utiliza el cuchillo de modo peligroso—. Podemos decirle que ciertos usos del cuchillo son buenos y otros malos, siempre que los vocablos "¡Bueno!" y "¡Malo!" hayan sido ya condicionados previamente como reforzadores positivo y negativo respectivamente.

Supongamos, sin embargo, que todos estos métodos produzcan subproductos indeseados tales como un cambio en las relaciones del niño con nosotros, y que entonces, en vista de ello, decidamos apelar a la "razón". (Por supuesto, esto es posible solamente si el niño ha alcanzado ya "el uso de razón".) Le explicamos las contingencias, demostrándole lo que sucede cuando uno usa un cuchillo de una forma o de otra. Podemos enseñarle cómo las reglas han sido deducidas de las contingencias ("Nunca deberías cortar con el filo hacia ti"). Como consecuencia de ello podemos inducir al niño a que use el cuchillo adecuadamente, y con probabilidad diremos que le hemos comunicado a ese niño el conocimiento para usarlo adecuadamente. Pero la verdad es que hemos tenido que aprovecharnos de gran cantidad de condicionamiento anterior con respecto a instrucciones, directrices y otros estímulos verbales, que fácilmente pasamos por alto al analizar la situación, y, así, la contribución de estos factores puede atribuirse al hombre autónomo. Una forma de argumentación todavía más compleja consiste en derivar nuevas razones de las viejas, proceso de deducción que depende de un proceso verbal histórico mucho más antiguo y prolongado, y que con toda probabilidad también será denominado cambio de mentalidad.

Los métodos de cambio de conducta mediante el cambio de mentalidad rara vez se perdonan cuando resultan claramente eficaces, aun cuando todavía siga siendo la mente la que parezca haber sido cambiada. No justificamos el cambio de mentalidad cuando los interesados, es decir, el agente activo y el pasivo, tienen fuerzas muy desequilibradas: en este caso hablamos de "abuso de influencia". Como tampoco perdonamos los cambios de mentalidad llevados a cabo subrepticiamente. Si la persona no puede ver lo que el hipotético reformador de mentalidades está haciendo, ni puede escapar ni contraatacar, está siendo víctima de la "propaganda". El "lavado de cerebro" queda proscrito por aquellos que justifican, en cambio, los cambios de mentalidad, por la simple razón de que el control es obvio. Una técnica frecuente consiste en crear una condición aversiva muy pronunciada, tales como hambre o falta de sueño, y, aliviándola paulatinamente, reforzar cualquier conducta que muestre "una actitud positiva" hacia un sistema político o religioso. Se construye una "opinión" favorable simplemente mediante el reforzamiento de aseveraciones favorables. El procedimiento puede que no resulte obvio para las presuntas víctimas, pero es obvio en exceso para otras personas, tan obvio que no puede ser aceptado como forma permitida de cambiar mentalidades.

La ilusión de que la libertad y la dignidad quedan a salvo cuando el control parece ser incompleto, procede en parte de la naturaleza probabilística de la conducta operante. Muy rara vez, cualquier condición ambiental "provoca" conducta de la forma todo- o-nada de un reflejo; consigue simplemente que una pequeña porción de conducta ocurra con mayor probabilidad. Una pista, o una sugerencia velada, difícilmente provocará por sí misma una respuesta, pero indudablemente conferirá fuerza a una respuesta débil que pueda entonces aparecer. La sugerencia es visible, pero los restantes aspectos o hechos responsables de la aparición de la respuesta ya no lo son.

Como en el caso de la tolerancia absoluta, la mayéutica, la dirección y la dependencia de las cosas, el cambio de mentalidad lo justifican los defensores de la libertad y la dignidad porque es una forma ineficaz para el cambio de conducta, y, así, quien manipula ese cambio de mentalidades puede, por tanto, eludir la acusación de que controla a las personas. También queda exonerado cuando los resultados son malos. Y el hombre autónomo queda incólume para ser elogiado por sus logros y condenado por sus errores.

La aparente libertad, que unas medidas débiles respetan, equivale meramente a un control no manifiesto. Cuando aparentemente cambiamos el control y se lo dejamos a la persona misma, estamos simplemente cambiando un modo de control por otro. Un seminario que discutía el control legal del aborto defendía que "la forma correcta de encararse al problema estribaba en el hecho de permitir al individuo, guiado por su propia conciencia y su inteligencia, tomar una decisión al margen de conceptos y reglamentaciones arcaicas e hipócritas". Lo que aquí se recomienda, en el fondo, no es el paso del control legal a la "elección" personal, sino más bien al control previamente ejercido por organizaciones de tipo religioso, ético, gubernativo o educacional. Al individuo se le "permite" decidir el asunto por sí mismo simplemente en el sentido de que actuará en lo sucesivo debido a unas consecuencias a las cuales ya no habrá que añadir por más tiempo el castigo legal.

Un gobierno permisivo es aquel que abandona el control en otras manos distintas de las suyas. Si la gente se comporta bien bajo ese gobierno, ello se debe a que esas personas han sido conducidas bajo un control ético eficaz, o que se encuentran bajo el control de las cosas, o que se les ha inducido por procedimientos educacionales, u otros semejantes, a comportarse de forma leal, patriótica o respetuosa de la ley. Sólo en casos en los que se dan esas otras formas de control resulta cierto el axioma de que el mejor gobierno es el que menos gobierna. En la medida en que el gobierno se define como el poder de castigar, la literatura de la libertad ha sido valiosa al promover un cambio hacia otras medidas de control, pero en ningún otro sentido esa literatura puede decirse que haya liberado a los ciudadanos del control gubernamental.

Una economía libre no quiere decir ausencia de control económico, porque ninguna economía es libre, en tanto que los bienes de consumo y el dinero mismo sigan siendo reforzadores. Cuando rehusamos controlar los precios, los salarios y el uso de los recursos naturales, con el fin de no entorpecer la iniciativa privada o individual, abandonamos al individuo al control de contingencias económicas imprevistas. Como tampoco ninguna escuela es "libre". Si el profesor no enseña, los estudiantes sólo aprenderán en la medida en que prevalezcan otras contingencias, quizá menos explícitas pero no menos eficaces. La psicoterapia no-directiva puede liberar al paciente de algunas contingencias dañinas en su vida diaria, pero el paciente "encontrará su propia solución" solamente si le inducen a hacerlo contingencias de tipo ético, gubernamental, religioso, educativo o de cualquier otra naturaleza.

(El contacto entre el terapeuta y el paciente es asunto delicado. El terapeuta, no importa en qué grado sea "no-directivo", ve a su paciente, habla con él y le escucha. Está interesado profesionalmente por su bienestar. Es comprensivo, se preocupa por él. Todo resulta reforzador. Se ha sugerido, sin embargo, que el terapeuta puede evitar el cambio de conducta de su paciente si convierte estos reforzadores en no-contingentes —es decir, si no les permite que sigan a alguna forma determinada de conducta—. Como un autor ha expresado, "la reacción del terapeuta es la de una persona congruente, con comprensión delicada y solicitud incondicional que, en términos de teoría del aprendizaje, premia al cliente tanto por una conducta como por cualquier otra". Esto resulta probablemente un cometido inalcanzable, y en todo caso nunca llegaría a tener los efectos que se le adjudican. Los reforzadores no-contingentes no son ineficaces; un reforzador siempre refuerza algo. Cuando un terapeuta manifiesta su preocupación, está reforzando por ese mismo hecho la conducta que el paciente acaba de realizar. Un refuerzo, por muy accidental que éste pueda resultar, fortalece conducta, la cual es entonces más probable que vuelva a ocurrir y sea reforzada de nuevo. La "superstición" resultante puede demostrarse en palomas, y resulta improbable que los seres humanos sean menos sensibles a este tipo de reforzador ocasional. Ser bueno con otro sin razón alguna para ello, tratar afectuosamente a toda persona, sea ésta buena o mala, tiene antecedentes bíblicos que lo justifican: la gracia no debe depender de las obras, pues, de lo contrario, deja de ser gracia. Pero existen procesos conductuales que se deben tener en cuenta.)

El error fundamental de cuantos adoptan métodos débiles de control consiste en suponer que el balance del control queda en manos del individuo, cuando en realidad queda, por el contrario, en manos de otras condiciones. Esas otras condiciones resultan con frecuencia difíciles de detectar, pero continuar descuidándolas para atribuir sus efectos al hombre autónomo es mantenerse al borde del desastre. Cuando las prácticas de control quedan ocultas o camufladas, es más difícil el contra-control. No queda claro de quién debe uno escapar o a quién se debe atacar. Las literaturas de la libertad y la dignidad constituyeron en su momento brillantes ejercicios de contra-control, pero las medidas que proponían ya no son apropiadas por más tiempo. Por el contrario, pueden tener muy serias consecuencias a las que debemos ahora prestar atención.

La libertad y la dignidad del hombre autónomo parecen quedar a salvo cuando se aplican solamente formas débiles de control no aversivo. Aquellos que las utilizan se diría que tratan de defenderse a sí mismos contra la acusación de que intentan controlar la conducta, y quedan exonerados de toda responsabilidad cuando las cosas salen mal. La tolerancia absoluta es la ausencia de control, y por más que parezca conducir a resultados deseables, éstos se producen por causa de otras contingencias. La mayéutica, o el arte de la partería, parece dejar el mérito de la conducta a aquellos que la dan a luz, y la dirección del desarrollo a quienes se desarrollan.

La intervención humana parece que se minimiza cuando a una persona se le hace depender de las cosas y no de otras personas. Los defensores de la libertad y la dignidad no sólo justifican, sino que practican intensamente diversas formas de cambiar la conducta cambiando la mentalidad. Mucho se puede decir en favor de una disminución del control mental ejercido por otras personas, pero aun así continúan operando otros factores. Una persona que reacciona de modo aceptable ante formas débiles de control puede haber cambiado su conducta por contingencias que ya han dejado de operar. Al negarse a reconocer esas contingencias antiguas, los defensores de la libertad y la dignidad fomentan el abuso de prácticas de control y bloquean el progreso hacia una tecnología de la conducta más eficaz.

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- Ver capítulo 1 — Una tecnología de la conducta .
- Ver capítulo 2 — Libertad .
- Ver capítulo 3 — Dignidad .
- Ver capítulo 4 — Castigo .
- Ver capítulo 5 — Alternativas para el Castigo .

- Autor: Burrhus Frederic Skinner (1904-1990) psicólogo, filósofo social estadounidense, profesor de Psicología de la Universidad de Harvard desde 1948. A través de su trabajo pionero en psicología experimental descubrió el condicionamiento operante. Un impresionante rigor en sus métodos de observación y experimentación le llevo a considerar la conducta como la base para un análisis científico del comportamiento humano. Sin duda, Skinner es uno de los grandes de la Psicología científica moderna.

Más allá de la libertad y la dignidad, de B. F. Skinner (4)

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Burrhus Frederic Skinner
Más allá de la libertad y la dignidad
(1971)
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- Ver capítulo 2 — Libertad .
- Ver capítulo 3 — Dignidad .
- Ver capítulo 4 — Castigo .
- Ver capítulo 5 — Alternativas para el castigo .
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4 — Castigo

La libertad suele a veces definirse como la falta de limitaciones o impedimentos. Una rueda decimos que funciona libremente cuando se da muy poca fricción en los cojinetes; un caballo se libera del poste al que ha sido atado; un hombre, igualmente se libera de la rama en que ha quedado atrapado al trepar a un árbol. Las limitaciones físicas son una condición obvia y parecen de particular utilidad al tratar de definir la libertad, pero con respecto a ciertos problemas importantes no pasan de ser una metáfora, y no muy buena por cierto. Evidentemente, a las personas se las puede controlar mediante grilletes y cadenas, esposas, camisas de fuerza y muros carcelarios o de campos de concentración. Pero el control de la conducta, al que aquí nos referimos, es algo muy diferente: la limitación impuesta por contingencias de refuerzo.

Excepto cuando queda limitada físicamente, la persona se siente menos libre o dignificada cuando se comporta bajo amenaza de castigo, y desgraciadamente así se encuentran la mayoría de las personas. El castigo es algo muy común en la naturaleza misma, y de esta realidad es mucho lo que aprendemos. Un niño corre torpemente, se cae y se hace daño; coge una abeja y ésta le pica; le quita un hueso a un perro y el perro le muerde: como resultado de todas estas experiencias aprende que no debe repetirlas. Las personas han construido un mundo más cómodo y menos peligroso a partir, principalmente, de este hecho: evitar las formas diversas de castigo natural.

La palabra castigo queda limitada normalmente a contingencias preparadas intencionadamente por otras personas, las cuales actúan de esta forma porque los resultados les son reforzadores. (Las contingencias punitivas no deben ser confundidas con el control aversivo por cuyo medio se induce a las personas a que se comporten de un modo determinado. El castigo, por el contrario, se suele usar con él fin de que la gente no se comporte de según qué forma.) Una persona recurre al castigo cuando critica, ridiculiza, condena o físicamente ataca a otra persona, con el fin de que termine de comportarse de una forma indebida. El Gobierno con frecuencia queda definido en términos del poder de castigar, y algunas religiones enseñan que a una conducta pecadora le seguirán castigos eternos horribles.

Se podría esperar de las literaturas de la libertad y de la dignidad que se opusieran a medidas de esta clase y que lucharan por un mundo distinto en el que el castigo fuera menos frecuente o incluso desapareciera por completo. Hasta cierto punto así lo han propugnado. Pero las sanciones punitivas todavía son muy frecuentes. Las personas se controlan unas a otras, aun ahora, más frecuentemente por medio de censuras o reproches que por exhortaciones o elogios, el ejército y la policía siguen siendo las  armas de gobierno más poderosas, a los fieles todavía se les recuerdan ocasionalmente las llamas del infierno, y los maestros han desterrado el uso de la palmeta sólo para sustituirla por formas de castigo mucho más definidas. Y lo curioso del caso, con respecto a cuantos defienden la libertad y la dignidad, es que no solamente no se oponen a este tipo de medidas, sino que ellos son en gran parte los últimos responsables de que todavía no hayan desaparecido. Esta extraña situación sólo puede ser entendida fijándonos en la forma en que los organismos reaccionan ante las contingencias punitivas.

El castigo tiene por finalidad hacer desaparecer la conducta torpe, peligrosa, o indeseable de cualquier forma, que una persona lleva a cabo. Y así se parte del presupuesto de que una persona que ha sido castigada por algo concreto, muy probablemente ya no lo repetirá de la misma forma. Desgraciadamente, el asunto no es tan simple como todo eso. El premio y el castigo no varían simplemente en la dirección que se pretende imprimir a una conducta determinada. Un niño que ha sido severamente castigado por ciertas prácticas sexuales, no necesariamente dejará de inclinarse menos a las mismas. Y un hombre que haya sido encarcelado por haber llevado a cabo un asalto violento, no por ello necesariamente deja de experimentar inclinación a la violencia. La conducta por la que la persona ha recibido el castigo reaparecerá muy probablemente una vez que concluyan esas contingencias punitivas.

Con mucha frecuencia podrían llegar a explicarse de manera muy distinta los que, a primera vista, podríamos creer efectos pretendidos del castigo. Por ejemplo, el castigo puede provocar emociones incompatibles. Un chico que haya sido severamente castigado por llevar a cabo cierta actividad sexual puede que en adelante no se sienta demasiado inclinado a repetirla, y hay que hacer notar que tratar de escapar de un castigador es incompatible con atacarlo. Las ocasiones futuras para llevar a cabo esa actividad sexual, o aquel asalto violento, pueden llegar a evocar conducta incompatible similar a través de un proceso de condicionamiento. El que el efecto se manifieste como vergüenza, culpabilidad o remordimiento depende de que el castigo lo administre el padre o tutor, un gobierno o una Iglesia, respectivamente.

La condición aversiva fomentada por el castigo (y experimentada de estas diversas formas o maneras) tiene un efecto mucho más importante. En el sentido más literal, puede que una persona consiguientemente se comporte de una forma determinada "para evitar el castigo". Puede evitarlo dejando de comportarse de manera punible, pero existen también otras posibilidades. Algunas de ellas desequilibran, o producen inadaptados o neuróticos, y, por tanto, han sido detenidamente estudiadas. Los así llamados "dinamismos" de Freud se asegura que son procedimientos por medio de los cuales los deseos reprimidos eluden al censor y encuentran la forma de expresarse, pero también es cierto que pueden ser simplemente interpretados como procedimientos con que las personas evitan ser castigadas. Y de esta manera quizá la persona se comporte de tal forma que no pueda ser castigada porque esa conducta no se puede ver, por ejemplo fantaseando o soñando. También puede sublimar su conducta comportándose de tal modo que eso que hace tenga efectos reforzadores más bien similares, pero no sea, por el contrario, razón de castigo.

Puede desplazar la conducta punible dirigiéndola hacia objetos que no pueden castigar —por ejemplo, puede comportarse de modo agresivo contra objetos físicos, niños o animalitos—. Puede también ver o leer acerca de otros que se comportan de modo punible, identificándose con ellos; o interpretando la conducta de otros como punible, proyectando sus propias tendencias. Puede también racionalizar su conducta encontrando razones, bien para sí mismo, bien para otros, que la convierten en no punible —como quien asegura, por ejemplo, que castiga a un niño "por el propio bien de la criatura"—. Hay formas más eficaces de evitar el castigo. Una persona puede evitar ciertas ocasiones de las cuales probablemente podría deducirse una conducta punible. Quien ha sido castigado por borrachera, por ejemplo, puede "evitar la tentación" manteniéndose alejado de según qué lugares en los cuales él sabe que puede beber demasiado; un estudiante, al que se ha castigado por su falta de estudio, puede evitar las situaciones que le distraigan de su trabajo. Otra posibilidad, todavía, sería la de cambiar de ambiente, de tal forma que en ese nuevo contexto su misma conducta anterior ya no resulte punible. Reducimos las contingencias naturales de castigo cuando reparamos una escalera en mal estado: de esta forma es menos probable que nos caigamos de ella. Y debilitamos las contingencias punitivas de tipo social frecuentando, por ejemplo, amigos más tolerantes.

Otra estrategia podría ser la de modificar la probabilidad de que cierta conducta punible tenga lugar. Una persona a la que se le castiga frecuentemente por causa de su carácter fácilmente irascible, hará bien en contar hasta diez antes de actuar; y evita el castigo si, mientras está contando, su inclinación a actuar de modo agresivo amaina hasta un nivel ya más razonable. O puede también probablemente hacerse menos acreedor al castigo por medio de innovaciones en su condición fisiológica, controlando su agresividad, pongamos por caso, al tomar un tranquilizante. El hombre ha recurrido incluso a procedimientos quirúrgicos — castrándose, por ejemplo, o siguiendo al pie de la letra el consejo bíblico de cortarse la mano que es ocasión de pecado—.

Las contingencias punitivas pueden inducir también al hombre a crear o construir ambientes en los cuales puede llegar a comportarse en formas que hagan desaparecer las ocasiones punibles; se evita problemas manteniéndose Ocupado con cosas que no se castigan, como "haciendo alguna otra cosa" tenazmente. (Gran parte de la conducta que a primera vista pudiera parecer irracional, en el sentido de que no parece tener consecuencias reforzadoras positivas, puede en cambio tener el efecto de evitar otra conducta sujeta, ésta sí, a castigo.) La persona puede incluso llegar a tomar medidas que fortalecen ciertas contingencias que, en su experiencia, resultan de gran eficacia para dejar de comportarse de modo punible: puede, por ejemplo, tomar alguna droga bajo cuya influencia el tabaco o la bebida tengan fuertes consecuencias aversivas, tales como náusea; o puede someterse a sí mismo a posibles sanciones más fuertes, de tipo ético, religioso o cívico.

Todas éstas son las cosas que la persona puede hacer para reducir las posibilidades de ser castigada por su conducta. Pero también pueden ser hechas, en su lugar, por otra persona. La tecnología física ha reducido sensiblemente las ocasiones por causa de las cuales las personas son castigadas por vías naturales, y los ambientes sociales han cambiado lo suficiente como para reducir igualmente de modo sensible las ocasiones de castigo por parte de otros. Podemos indicar algunos recursos familiares en los que se ponen de manifiesto estos procesos.

El peligro de conducta punible puede ser disminuido creando circunstancias en las cuales difícilmente dicha conducta pueda ocurrir. El modelo arquetípico es el claustro. En un mundo en el que no hay a mano sino alimentos frugales, y en cantidad moderada, nadie queda sujeto al castigo natural de la indigestión, o al castigo social de ser despreciado por glotón, o al castigo religioso de la gula, pecado venial. Una conducta heterosexual resulta imposible cuando existe la segregación sexual, y la conducta sexual por sustitución, evocada por la pornografía, resulta imposible por la absoluta ausencia de material pornográfico. La "Ley seca" o la "Prohibición" fue un intento de controlar el consumo de alcohol retirándolo del medio ambiente. Aun ahora se practica en ciertos estados de la Unión, y parcialmente en casi todos ellos, hasta el punto de que en casi ningún sitio se le vende a menores de dieciocho años, o a nadie en absoluto a según qué horas del día o en según qué días del año. El cuidado del alcohólico, bajo tratamiento en una institución, normalmente implica el control de abastecimiento. Y el uso de otras drogas que crean hábito todavía está controlado de la misma forma. Cuando la conducta agresiva no tiene otro remedio posible, se imposibilita mediante la reclusión incomunicada de la persona interesada: en ese caso ya no tiene a nadie cerca al que poder agredir. El robo se controla poniendo bajo llave, a buen recaudo, cuanto pueda ser robado.

Otra posibilidad es la de destruir las contingencias bajo las cuales la conducta objeto de castigo resulta reforzada. Un carácter irascible va suavizándose cuando no se le hace ningún caso; la conducta agresiva queda atenuada cuando el que la padece se convence de que con ello no consigue nada, y el exceso de comida puede remediarse no haciendo los alimentos tan apetitosos. Otro recurso consiste en arreglárselas para que las circunstancias permitan que la conducta no resulte motivo de castigo. San Pablo recomendaba el matrimonio como medio de reducir formas objetables de conducta sexual, y hasta la pornografía ha sido recomendada por las mismas razones. La literatura y el arte permiten "sublimar" otras clases de conducta de algún modo problemática. La conducta punible se puede también suprimir mediante el refuerzo vigoroso de alguna otra conducta que la desplace.

Los deportes organizados son, con frecuencia, promovidos bajo el presupuesto de que pueden proporcionar un ambiente adecuado, en el cual la juventud esté tan ocupada que pueda olvidarse de ciertos problemas que les pueden causar complicaciones. Si todo esto fracasa, quizá la conducta punible pueda evitarse con más garantías de éxito mediante el cambio de las condiciones fisiológicas. Se puede hacer uso de las hormonas para cambiar determinadas conductas sexuales, operaciones quirúrgicas (como la lobotomía) para controlar la violencia, tranquilizantes para controlar la agresividad, y algunas drogas que quitan el apetito para controlar el exceso de alimentación.

Algunas de estas medidas resultan con frecuencia incompatibles unas con otras, y pueden tener consecuencias imprevisibles. Los hechos demostraron que era imposible controlar el suministro de alcohol durante la "Ley Seca", y la radical separación de sexos puede derivar en homosexualismo. La supresión excesiva de conductas, que de lo contrario serían reforzadas vigorosamente, puede que conduzca a la defección y al alejamiento del castigado del grupo que castiga. Estos problemas son en esencia solubles, con todo; y debería ser posible la organización de un mundo en el cual rara vez se produzca una conducta acreedora de castigo, o incluso no se produzca nunca. Nosotros intentamos organizar este posible mundo para aquellos que no pueden solucionar por sí mismos el problema del castigo, como en el caso de los niños, los retardados de cualquier tipo, o los psicópatas, y si esto pudiera conseguirse para toda persona, nos ahorraríamos mucho tiempo y energía.

Los defensores de la libertad y la dignidad se oponen a la solución de este problema del castigo con estos procedimientos. Un mundo tal engendraría tan sólo bondad automática. T. H. Huxley no vio nada malo en este intento: "Si algún gran poder estuviera de  acuerdo en hacerme siempre pensar lo que es verdad y hacer lo que es correcto, con la condición de convertirme en algo así como un reloj y se me diera cuerda cada mañana antes de saltar de la cama, cerraría el trato instantáneamente". Pero Joseph Wood Krutch se refiere a este hecho como a una apenas creíble posición de un "protomoderno", y comparte la despectiva actitud de T. S. Eliot por "sistemas tan perfectos que nadie necesitará ser bueno".

El problema está en que cuando castigamos a una persona por su mala conducta, dejamos que sea ella misma la que descubra cómo comportarse bien, y así pueda ser elogiada por comportarse de modo adecuado. Pero si se comporta bien por las razones que acabamos de examinar antes, será más bien el ambiente el que deba ser elogiado. Queda en juego uno de los atributos del hombre autónomo. Los hombres deben comportarse bien solamente porque son buenos. Bajo un sistema "perfecto" nadie necesita la bondad.

Por supuesto, existen razones válidas para minusvalorar a una persona que es buena sólo automáticamente, pues en ese caso sería menos persona. En un mundo en el que el hombre no necesita trabajar arduamente, no aprenderá a conservar el trabajo arduo. En un mundo en el que la ciencia médica ha aliviado el dolor, el hombre no aprenderá a encajar bien los estímulos dolorosos que se produzcan. En un mundo que fomenta la bondad automática, nadie aprenderá a aceptar el castigo asociado con la mala conducta.

Preparar a las personas para un mundo en el cual no puedan comportarse bien automáticamente, exige que esas personas sean instruidas de forma adecuada, pero esto no significa un ambiente permanentemente punitivo, y no hay razón alguna por la que deba impedirse el progreso en busca de un mundo en el cual la gente pueda comportarse bien automáticamente. El problema no es inducir a la gente a ser buena, sino a que se comporte bien.

La cuestión estriba de nuevo en la visibilidad del control. Conforme es más difícil ver las contingencias del ambiente, la bondad del hombre autónomo llega a ser más aparente, y existen diversas razones por las cuales el control punitivo se convierte en algo menos visible. Un procedimiento simple para evitar los castigos es eludir a los que los administran. Ciertas actividades sexuales se transforman en subrepticias, y un hombre violento solamente ataca cuando la policía no está cerca. Pero quien castiga puede compensar esto escondiéndose. Los padres con frecuencia espían a sus hijos sin que éstos caigan en la cuenta, y la policía puede usar traje de paisano. El escape entonces debe llevarse a cabo de modo más sutil. Aunque los automovilistas obedecen los límites de velocidad solamente cuando está visible la policía, también es posible controlarlos por medio del radar; pero en ese caso el automovilista puede instalar en su propio coche un artefacto electrónico que le dirá si el radar está en funcionamiento o no. Un Estado que transforma a todos sus ciudadanos en espías, o una religión que fomenta el concepto de un Dios omnividente hace prácticamente imposible eludir a quien castiga, y las contingencias punitivas adquieren entonces su máximo grado de eficacia. La persona puede comportarse bien aunque no exista una supervisión visible. Pero la ausencia del supervisor con frecuencia es mal interpretada.

 Normalmente se dice que el control se convierte en interior, lo cual es simplemente otra forma de decir que pasa del ambiente al hombre autónomo, pero lo que sucede en realidad es que pasa a ser algo menos visible. Un género de control que se dice interno podría quedar representado por el concepto judeo-cristiano de conciencia, o por el superego freudiano. Estos agentes interiores hablan quedamente, en voz baja, diciéndole a una persona lo que debe hacer y, en particular, lo que no debe hacer. Las palabras se originan en la comunidad. La conciencia y el superego sustituyen y representan en cierta forma a la comunidad —tienen un papel vicario en el sentido bíblico-etimológico de la palabra—, y tanto teólogos como psicoanalistas por igual reconocen sus orígenes externos. Cuando el Viejo Adán, o el id, hablan en favor del bien personal manifestado por la cualidad genética del hombre, la conciencia o el superego hablan en nombre de lo que es bueno para otros.

La conciencia o el superego no surge simplemente como consecuencia de la desaparición aparente de quien castiga. Sino que representan un número de prácticas auxiliares que le dan más efectividad a las prácticas punitivas. Ayudamos a una persona a que evite el castigo advirtiéndole de las contingencias punitivas, le aconsejamos que no se comporte de forma tal que se haga acreedora con toda probabilidad al castigo, y le indicamos que se comporte de modo tal que no sea castigada. Muchas leyes civiles y religiosas tienen estos efectos: describen las contingencias concretas bajo las cuales determinadas formas de conducta son castigadas y otras no.
 Refranes, proverbios y otras formas diversas de sabiduría popular, proporcionan con frecuencia reglas útiles de tipo práctico. "Mira antes de saltar" es un mandato derivado del análisis de cierta clase de contingencias: saltar sin mirar puede ser más verosímilmente castigado que si se mira previamente, y entonces no se salta, o bien se salta con más cuidado. "No robes" es también un consejo que se deduce de las contingencias sociales: la comunidad castiga a los ladrones.

La persona, de esta forma, puede evitar o eludir totalmente el castigo siguiendo las reglas de conducta que otras personas han deducido de las contingencias punitivas, del ambiente natural o social. Tanto las reglas, como las contingencias que originan esa conducta dictada por las mismas reglas, pueden ser obvias; pero también se pueden aprender para recordarlas más tarde, y el proceso de esta forma se convierte en algo invisible. El individuo es el que se dice a sí mismo lo que debe hacer y lo que no debe hacer, y puede ser fácil perder de vista el hecho de que ha aprendido a comportarse así por medio de la comunicación verbal. Cuando una persona deduce sus propias reglas a partir del análisis de las contingencias punitivas, estamos particularmente inclinados a elogiarle por la buena conducta que de ahí se sigue, pero en realidad sucede que los pasos visibles se han perdido progresivamente en el pasado.

Cuando las contingencias punitivas son parte simplemente de un ambiente no-social, resulta razonablemente claro lo que sucede. No permitimos que una persona aprenda a conducir un automóvil exponiéndola a contingencias punitivas graves. No le enviamos sin más a una carretera abarrotada, sin que se haya preparado convenientemente para responsabilizarle luego de cuanto suceda. Le instruimos en lugar adecuado para que adquiera seguridad en la conducción del coche. Le enseñamos las reglas de la circulación. Se le permite que comience a conducir un coche preparado al efecto, de tal forma que las posibles contingencias punitivas se reducen, o incluso desaparecen por completo. Entonces —y sólo entonces— le llevamos ya a la carretera, pero a una de segundo orden o con muy poco tráfico. Si tenemos éxito, habremos conseguido un nuevo conductor sin haberle expuesto a castigo de ninguna clase, aunque sea cierto que las contingencias bajo las cuales tendrá que conducir durante el resto de su vida sigan siendo altamente punitivas. Probablemente digamos, sin reserva, que ese aprendiz de conductor ha adquirido el "conocimiento" que necesita para conducir con seguridad, o que ahora es ya un "buen conductor" en lugar de una persona que conduce bien.

Cuando las contingencias son de tipo social, y muy en particular cuando quedan determinadas por una organización religiosa, tendemos mucho más probablemente a deducir un "conocimiento interno del bien" o una bondad interior. La bondad a la que se atribuye una buena conducta es parte del valor o dignidad de una persona, y muestra la misma relación inversa con la visibilidad del control. Atribuimos el máximo de bondad a las personas que nunca se han comportado mal, y que, por consiguiente, nunca han sido castigadas, y que se comportan bien además sin seguir reglas. Jesús suele ser presentado habitualmente como el prototipo de esta clase de persona. Y deducimos una bondad en menor grado en aquellos que se comportan bien, pero solamente porque ya han sufrido algún castigo. El pecador arrepentido puede llegar a parecerse a un santo natural, pero el hecho de que, durante algún tiempo al menos, haya estado expuesto a contingencias punitivas implica cierta limitación en su bondad natural.

Parecido a éste del pecador arrepentido es el caso de cuantos han analizado las contingencias punitivas de sus respectivos ambientes y deducen normas de conducta para evitar el castigo. Un grado menor de bondad se atribuye a quienes siguen reglas o normas formuladas por otros, y ya en mucha menor medida si esas normas, y las contingencias que mantienen esa conducta dirigida por reglas, resultan enteramente evidentes. No atribuimos bondad alguna a cuantos se comportan bien solamente bajo la supervisión constante de un agente externo punitivo, como por ejemplo la policía.

La bondad, como otros aspectos del valor o dignidad, crece en la medida en que se desvanece el control visible, y lo mismo ocurre, por supuesto, en lo que respecta a la libertad. John Stuart Mill opinaba que la única bondad digna de tal nombre era la de la persona que se comportaba bien aunque pudiera hacerlo mal, y que solamente tal persona era en verdad libre. Mill no estaba de acuerdo con la opinión de aquellos que propugnaban el cierre de las casas de prostitución; debían permanecer abiertas para que la persona adquiriera la libertad y la dignidad por medio del dominio de sí misma. Pero el argumento sólo resulta convincente si no prestamos atención a las razones por las cuales las personas se comportan bien, cuando aparentemente sería posible que se comportaran mal. Una cosa es prohibir el uso de los dados y los naipes, la venta de alcohol y cerrar las casas de prostitución, y otra cosa diferente resulta convertir todo ello en aversivo, como por ejemplo castigando la conducta que ellas fomentaban, o denominándolas tentaciones maquinadas por el diablo, o describiendo con negras tintas el destino trágico del borracho o las enfermedades venéreas producidas por el contacto con prostitutas. El efecto puede que sea el mismo: quizá la gente no juegue, no beba, ni vaya a casas de prostitución. Pero el hecho de que en un ambiente no puedan hacerlo y en otro ambiente no lo hagan —aunque pudieran hacerlo— es algo que no tiene nada que ver con la bondad o la libertad, sino más bien con las técnicas de control.

En un ambiente, las razones para comportarse bien son claras; en el otro, fácilmente son descuidadas, o incluso olvidadas. Se asegura a veces que los niños no están preparados para el ejercicio de la libertad y el autodominio hasta que tienen uso de razón, y que mientras esto sucede deberán ser conservados en un ambiente seguro, o bien ser castigados. Si el castigo puede ser pospuesto hasta que esos niños lleguen al uso de razón, en tal caso es probable que pueda evitarse por completo. Pero esto significa simplemente que los ambientes seguros y el castigo son las únicas medidas a mano hasta que " el niño quede expuesto a las contingencias que le proporcionen otras razones para comportarse bien. Las contingencias apropiadas, con frecuencia no pueden ser preparadas para los pueblos primitivos, y se manifiesta la misma confusión entre el control visible y el interno cuando se asegura que los pueblos primitivos no están preparados para el uso de la libertad. Para lo que no estén preparados, en todo caso, quizá sea simplemente para un tipo de control que exige una peculiar historia de contingencias.

El concepto de responsabilidad suscita muchos de los problemas relativos al control punitivo, a la vez que constituye uno de los atributos que, según se afirma, distinguen al hombre de otros animales. La persona responsable es alguien "acreedor" a algo. Le elogiamos cuando se comporta bien para que continúe comportándose así, pero casi siempre con más probabilidad utilizamos el término cuando lo que merece, o a lo que esa persona se hace acreedora, es un castigo. Hacemos a una persona responsable de su propia conducta en el sentido de que, por ella, pueda ser castigada justamente o con equidad. Este es asunto, otra vez, de buen gobierno, del uso juicioso de reforzadores, de conseguir "que el castigo se adecúe al crimen". Más castigo del necesario es derroche y puede anular líneas deseables de conducta; mientras que un castigo demasiado insignificante es desperdiciado al no producir efecto alguno.

La determinación legal de la responsabilidad (y la justicia) tiene que ver sobre todo con los hechos. ¿Se comportó efectivamente una persona en la forma que se asegura que lo hizo? ¿Se produjeron las circunstancias exigibles, para que la conducta pueda ser calificada legalmente de punible? Si este es el caso, ¿qué leyes hay que aplicar y qué castigos específicos prevén esas mismas leyes?
Pero existen otros interrogantes que afectan más bien al hombre interior. ¿Fue intencionado o premeditado aquel acto? ¿Se produjo en un momento de ciega ira? ¿Conoce la persona la diferencia entre lo bueno y lo malo? ¿Era consciente de las posibles consecuencias? Todos estos interrogantes concernientes a sentimientos, propósitos, conocimiento, etc., pueden volverse a formular en términos del ambiente al que una persona ha sido expuesta. Lo que una persona "piensa hacer" depende de lo que ha hecho en el pasado y de lo que le ha sucedido como consecuencia de ello. Una persona no actúa porque "esté enfadada", sino que actúa y está enfadada por una razón común, no especificada. El que merezca un castigo o no, teniendo en cuenta todas estas condiciones, es ya una pregunta que se refiere a los resultados probables: ¿se comportará, en caso de que sea castigado, de modo diferente cuando surjan de nuevo circunstancias similares? Existe la tendencia generalizada a sustituir controlabilidad por responsabilidad, y la controlabilidad no se considerará probablemente como posesión peculiar del hombre autónomo, puesto que alude o se refiere a condiciones externas.

El aserto de que "sólo un hombre libre es responsable de su propia conducta" tiene dos sentidos, que dependen de que nuestro interés descanse en la libertad o en la responsabilidad. Si lo que queremos decir es que la persona es responsable, no debemos hacer nada que se interfiera con su ser considerado responsable de sus actos. Si lo que queremos decir, por el contrario, es que la persona es libre, debemos considerarle responsable de su conducta manteniendo las contingencias punitivas, puesto que si se comportara de la misma forma bajo contingencias obviamente no-punitivas, resultaría claro que esa persona no sería libre.

Cualquier progreso hacia un ambiente en el que los hombres sean automáticamente buenos amenaza la responsabilidad. Por ejemplo, en el control del alcoholismo, la práctica tradicional es punitiva. La borrachera se califica de "mala", y otras personas imponen sanciones éticas por tal conducta (la condición generada suele experimentarse como vergüenza); o bien se considera como ilegal y queda sujeta, por tanto, a sanciones por parte de las autoridades civiles (experimentándose la condición generada como culpabilidad); o, finalmente, es calificada de pecaminosa, con el castigo a cargo de organizaciones religiosas (y en este caso la condición generada adopta la forma de lo que se conoce como sentido del pecado). Tal práctica no ha conseguido un éxito evidente, y se han buscado otras medidas de control.

Son significativas en este sentido ciertas evidencias médicas. Varían mucho en las personas, no sólo su capacidad de resistencia al alcohol, sino también el grado de adicción que la bebida despierta. Una vez que una persona ha llegado a convertirse en alcohólica, puede que beba para aliviar graves síntomas de retraimiento que, cuantos no han tenido tales experiencias, no siempre tienen en cuenta. Las implicaciones médicas de esta situación hacen surgir la pregunta concerniente a la responsabilidad del interesado: ¿hasta qué punto es justo castigar a un alcohólico? Desde el punto de vista de la prudencia, ¿podemos esperar que el castigo sea suficientemente efectivo para superar las contingencias positivas opuestas? ¿No deberíamos, más bien, preocuparnos de la condición médica? (Nuestra cultura difiere de la Erewhon de Samuel Butler al no imponer sanciones punitivas a la enfermedad.) En la medida en que la responsabilidad disminuye, el castigo se suaviza.

La delincuencia juvenil es otro buen ejemplo. Desde un punto de vista tradicional, el joven es responsable de obedecer la ley y puede ser justamente castigado si la desobedece, pero resulta difícil mantener contingencias punitivas eficaces, y, en consecuencia, se ha intentado encontrar otras medidas. Parece importante destacar el hecho, que la investigación social hace evidente, de que la delincuencia juvenil es más frecuente en determinadas áreas urbanas y entre la población más pobre. Hay más probabilidad de que una persona robe si resulta que tiene muy poco, o nada en absoluto, propio; si su educación no le ha capacitado para conseguir y mantener un empleo decoroso que le permita ganar lo suficiente como para poder comprar lo que necesita; si hay escasez de puestos de trabajo; si no se le ha enseñado a obedecer las leyes; o si ve frecuentemente a otros quebrantar las leyes impunemente. En tales condiciones, la conducta delincuente queda poderosamente reforzada y sería raro que fuera erradicada por medio de sanciones legales. Las contingencias, por tanto, quedan suavizadas: el delincuente puede ser simplemente advertido o su sentencia suspendida.

La responsabilidad y el castigo disminuyen juntos. El problema auténtico estriba en la efectividad de las técnicas de control. No resolveremos los problemas del alcoholismo y la delincuencia juvenil mediante el aumento del sentido de la responsabilidad. El verdadero "responsable" de la conducta inconveniente es el ambiente, y es, por tanto, ese ambiente lo que debemos cambiar, no ciertos atributos del individuo. Reconocemos esto bien claramente cuando hablamos de las contingencias punitivas en el ambiente natural. Estrellarse de cabeza contra un muro tiene un castigo natural inmediato: golpearse el cráneo. Pero a nadie se le ocurre considerar a un hombre responsable por no estrellarse contra las paredes, ni decimos tampoco que la naturaleza le considere responsable. La naturaleza, simplemente, castiga a quien se lanza contra el muro. Cuando queremos obviar los castigos naturales del mundo circundante, o cuando enseñamos a las personas a comportarse, con el fin de evitar los castigos naturales, como cuando por ejemplo les damos ciertas reglas para que las sigan, no estamos por eso mismo destruyendo la responsabilidad o amenazando la existencia de cualquier otra cualidad oculta. Mucho más sencillamente, estamos haciendo del mundo circundante algo más seguro.

El concepto de responsabilidad queda particularmente debilitado cuando a la conducta se le sigue la pista hasta llegar a ciertos factores genéticos determinantes. Podemos admirar la belleza, la delicadeza y la sensibilidad, pero a nadie se le ocurre culpar a una persona porque sea fea, espástica o daltónica. Sin embargo, causan problemas otras formas de la cualidad genética no tan visibles. Los individuos, probablemente, se diferencian, como se diferencia la especie, en el grado de capacidad para reaccionar con agresividad o en la medida en que su conducta queda reforzada cuando llevan a cabo ciertos actos de agresividad que producen daño. También varía la intensidad de su conducta sexual o el grado en que quedan afectados por refuerzos de este mismo tipo sexual. Por tanto, ¿acaso serán todos igualmente responsables al controlar su agresividad o su conducta sexual? ¿Sería justo castigar exactamente igual a personas con condicionantes tan distintos, como éstos que discutimos pueden llegar a ser? Si no castigamos a una persona por ser coja de nacimiento, ¿acaso deberíamos castigarla por ser temperamentalmente excitable o susceptible en grado sumo a refuerzos de tipo sexual? Recientemente se ha suscitado este tema a propósito de la posibilidad de que muchos criminales muestren anomalías en sus cromosomas.

El concepto de responsabilidad ofrece muy poca ayuda. La cuestión está en la controlabilidad —o posibilidad de control—. No podemos cambiar defectos genéticos a través del castigo; sólo podemos actuar a base de ciertas medidas genéticas, pero que no consiguen eficacia sino a mucho más largo plazo. Lo que debemos intentar cambiar no es en modo alguno la responsabilidad del hombre autónomo, sino las condiciones ambientales o genéticas de las cuales la conducta de la persona humana es tan solo la función.

Aunque hay mucha gente que protesta cuando su conducta puede ser atribuida, mediante un análisis científico, a condiciones externas —lo cual, por tanto, hace desaparecer la posibilidad de que esas personas sean elogiadas o puedan ser admiradas—, es lo cierto, sin embargo, que muy rara vez rechazan esas mismas personas la posibilidad de quedar exoneradas de toda culpa, mediante el uso de los mismos procedimientos. El rudimentario ambientalismo de los siglos dieciocho y diecinueve se usó rápidamente con propósitos de exoneración o disculpa. George Eliot lo ridiculizó. El rector en Adam Bede exclama: "Bien, sí, un hombre no puede robar fácilmente un billete de banco, a menos que ese billete se encuentre convenientemente cerca; pero no nos hará pensar que es un hombre honrado a fuerza de soplar para que el billete caiga cerca y se haga el encontradizo". El alcohólico es el primero que reconoce que está enfermo, y el delincuente juvenil también piensa que no es sino una víctima de un ambiente anterior desfavorable. Si no son responsables, tampoco pueden ser justamente castigados.

La exoneración es, en cierto sentido, el complemento de la responsabilidad. Cuantos toman sobre sí el hacer algo en relación con la conducta humana —por cualquier razón— se convierten ellos mismos en parte del ambiente hacia el cual queda desviada la responsabilidad. Desde el punto de vista tradicional, era el estudiante el que fracasaba, el niño quien se portaba mal, el ciudadano quien violaba la ley, y el pobre resultaba ser pobre precisamente porque era un holgazán. Pero ahora normalmente se dice que no hay estudiantes torpes, sino malos profesores; no niños malos, solamente malos padres; que no hay delincuencia excepto por parte de las organizaciones ejecutivas legales; y que no existen hombres indolentes, sino sólo malos sistemas de incentivos. Pero, por otra parte, debemos preguntar por qué son malos los maestros, los padres, los gobernantes y los hombres de negocios. La equivocación, como habremos de considerar más adelante, estriba en localizar en cualquier parte la responsabilidad, suponer que en algún sitio queda iniciada una secuencia causal.

Como Raymond Bauer ha puesto de relieve, la Rusia comunista proporcionó un caso histórico de interés con respecto a la relación entre el ambientalismo y la responsabilidad personal. Inmediatamente después de la revolución, el gobierno podía muy bien asegurar que por causa de su ambiente que así los había modelado, muchos rusos no tenían educación, eran improductivos, se comportaban mal y no eran felices. El nuevo gobierno podría cambiar el ambiente poniendo en práctica las teorías de Pavlov sobre los reflejos condicionados y todo se transformaría. Pero lo cierto es que en los primeros años de la década de los treinta, el nuevo gobierno ya había tenido esa ocasión y de hecho muchos rusos seguían estando obviamente no mucho mejor informados, no eran más productivos, no se comportaban mejor, ni eran más felices. Entonces cambió la teoría oficial del gobierno, y Pavlov cayó en desgracia, siendo sustituido por una psicología acusadamente voluntarista. Era responsabilidad del ciudadano —y ya solo suya— conseguir educación, rendir en el trabajo, comportarse bien y ser feliz. Había que asegurarse de que el educador ruso aceptara esta responsabilidad, pero no condicionándole. Sin embargo, el éxito ruso en la Segunda Guerra Mundial restituyó la confianza en el principio anterior; el gobierno había obtenido un triunfo después de todo. Podía ser que no resultara completamente eficaz, pero se avanzaba sin duda por el buen camino. Pavlov recuperó su prestigio.La exoneración del controlador rara vez resulta tan fácilmente documentada, pero algo de esto probablemente es lo que siempre sucede implícitamente en el uso continuado de los métodos punitivos. Los ataques contra la bondad automática pueden mostrar preocupación con respecto al hombre autónomo, pero las contingencias prácticas resultan más convincentes.

Las literaturas de la libertad y de la dignidad han convertido el control de la conducta humana en una ofensa punible, en su mayor parte por considerar al controlador, responsable de los resultados aversivos. Quien controla sólo puede eludir la responsabilidad en el caso de que pueda sostener la postura de que el individuo mismo es el que se controla. El profesor que elogia al estudiante aventajado puede también reprocharle cuando es desaventajado. El padre que elogia al niño por sus adelantos puede también echarle en cara sus equivocaciones. Ni el profesor ni el padre pueden ser considerados responsables.

Las fuentes genéticas de la conducta humana resultan de especial utilidad con respecto a la exoneración. Si algunas razas son menos inteligentes que otras, al profesor no se le puede echar en cara que no enseñe igual de bien a las dos. Si algunos hombres nacen criminales, siempre existirán violaciones de la ley por muy eficaz que sea la organización de la policía. Si los hombres se enzarzan en guerras, porque son por naturaleza agresivos, no tenemos por qué avergonzarnos de nuestros fracasos en la conservación de la paz. La preocupación por la exoneración queda indicada por el hecho de que con más facilidad tenemos tendencia a recurrir a la dotación genética para justificar resultados negativos que explicar logros de tipo positivo.

No hay por qué elogiar, o condenar, a cuantos se interesan normalmente por hacer algo respecto a la conducta humana, cuando se producen consecuencias que pueden ser razonablemente atribuidas a cualidades genéticas; si alguna responsabilidad tienen, será más bien en relación con el futuro de la especie. La práctica de atribuir la conducta a la dotación genética —de la especie en su conjunto, o de alguna parte de ella, como una raza o una familia— puede llegar a afectar a las prácticas de reproducción, y eventualmente a otros procedimientos para cambiar tal dotación. Y el individuo contemporáneo puede ser responsabilizado en cierto sentido por las consecuencias de sus actos o de sus omisiones, pero esas consecuencias son remotas y plantean un problema de muy diferente tipo, al que más adelante volveremos.

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- Ver capítulo 1 — Una tecnología de la conducta .
- Ver capítulo 2 — Libertad .
- Ver capítulo 3 — Dignidad .
- Ver capítulo 4 — Castigo .
- Ver capítulo 5 — Alternativas para el castigo .

- Autor: Burrhus Frederic Skinner (1904-1990) psicólogo, filósofo social estadounidense, profesor de Psicología de la Universidad de Harvard desde 1948. A través de su trabajo pionero en psicología experimental descubrió el condicionamiento operante. Un impresionante rigor en sus métodos de observación y experimentación le llevo a considerar la conducta como la base para un análisis científico del comportamiento humano. Sin duda, Skinner es uno de los grandes de la Psicología científica moderna.