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viernes, 1 de agosto de 2014

Entre el instinto y la razón, de Friedrich A. Hayek


Friedrich A. Hayek
Libro: La fatal arrogancia 
Capítulo «Entre el instinto y la razón»
Apartado: “La mente no es guía sino más bien producto de la evolución cultural y se basa más en la imitación que en la intuición y la razón”


Como queda dicho, nuestra capacidad de aprender por imitación es uno de los logros más fundamentales del largo proceso de evolución de nuestros instintos. Tal vez la cualidad más importante del legado genético de cada individuo, aparte las respuestas innatas, sea la posibilidad de acceder a ciertas habilidades a través de la imitación y el aprendizaje. De ahí la importancia de precaverse, desde el primer momento, contra cualquier planteamiento proclive a lo que he denominado «la fatal arrogancia»: esa idea según la cual sólo por vía de la razón pueden alcanzarse esas nuevas habilidades. La realidad no puede ser más opuesta, pues también la razón es fruto de la evolución, al igual que nuestros esquemas morales, aunque con un distinto desarrollo evolutivo. No podemos, por tanto, instituir a la razón en árbitro supremo ni sostener que deben ser consideradas válidas tan  sólo aquellas normas que logren superar la prueba de la razón.

Abordaremos luego más detalladamente todas estas cuestiones, por lo que en el presente contexto me limitaré a anticipar algunas conclusiones. Entiendo que el título «Entre el instinto y la razón» de este capítulo debe ser interpretado casi  literalmente. En  efecto, quisiera llamar la atención del lector sobre el  hecho de que las cuestiones que ocupan nuestra atención deben quedar ciertamente situadas entre el instinto y la razón.

Por desgracia,  la trascendencia de estos problemas suele ser minimizada por entenderse que sólo hay un espacio vacío entre uno y otro de los indicado  dominios. La conclusión fundamental a la que, en mi opinión, deberá concederse especial atención es que esa evolución cultural que, según hemos señalado, desborda por completo al instinto –al que frecuentemente contradice– tampoco es, como más adelante veremos, fruto del ejercicio de la razón.

Mis opiniones al  respecto, expuestas en anteriores trabajos (1952/79, 1973 1979), pueden resumirse como sigue. La capacidad de aprender es más el fundamento que el logro de nuestra razón de nuestro entendimiento. El hombre no viene al mundo dotado de sabiduría, racionalidad y bondad: es preciso enseñárselas, debe aprenderlas. No es la moral fruto de la razón, sino que fueron más bien esos procesos de interacción humana propiciadores del correspondiente ordenamiento moral los que facilitaron al hombre la paulatina aparición no sólo de la razón sino también de ese conjunto de facultades con las que solemos asociarla. El hombre devino inteligente porque dispuso previamente de ciertas tradiciones –que ciertamente hay que emplazar entre el instinto y la razón– a las que pudo ajustar su conducta. A su vez, ese conjunto de tradiciones no derivan de la capacidad humana de racionalizar la realidad, sino de los hábitos de respuesta. Más que ayudarle a prever, se limitan a orientarle en cuanto a lo que en determinadas situaciones reales debe o no debe hacer.

Todo ello hace que no podamos por menos de tener que sonreír al constatar cómo ciertos trabajos científicos sobre la evolución –algunos realizados por expertos de la mayor solvencia–, tras admitir que el orden existente es fruto de algún pretérito proceso ordenador de carácter espontáneo, conminan, sin embargo, a la humanidad a que, sobre la base de la razón –precisamente en momentos en los que las cosas se han vuelto tan complejas– asuma el control pleno del proceso en cuestión. Contribuye a nutrir tan ingenua pretensión ese equivocado enfoque que en anteriores ocasiones he denominado "racionalismo constructivista" (1973), enfoque que, pese a carecer de todo fundamento, tan decisiva influencia ha ejercido sobre el pensamiento científico contemporáneo, hasta el punto de quedar explícitamente recogido en el título de una obra ampliamente difundida de cierto famoso antropólogo de inclinación socialista. Man Makes Himself (v. Gordon Childe, 1936) –tal es el título de la obra de referencia–, se ha convertido de hecho en lema que ha inspirado a una amplia familia de socialistas (Heilbroner, 1970:106). Semejantes planteamientos se basan en la noción científicamente infundada –y hasta animística– según la cual en algún momento de la estructuración evolutiva de nuestra especie se instaló en nuestro organismo un ente llamado intelecto o alma, que, a partir de entonces se convirtió en rector de todo ulterior desarrollo cultural (cuando lo que en realidad sucedió fue que el ser humano fue adquiriendo poco a poco la capacidad de aprehender el funcionamiento de esquemas de elevada complejidad que le permitían reaccionar más eficazmente a los retos de su entorno). Ese supuesto, que postula que la evolución cultural es cronológicamente posterior a la biológica o genética, hace caso omiso de los aspectos más fundamentales de una evolución, a  lo largo de la cual nuestra capacidad racional fue adquiriendo su actual estructura. La idea de que la razón, fruto de ese proceso, pueda hoy determinar el curso de su propia evolución (por no aludir a las muchas otras capacidades que infundadamente le suelen ser también atribuidas) es inherentemente contradictoria y fácilmente refutable (véase, al respecto, los capítulos V y VI).

Es más inexacto suponer que el hombre racional crea y controla su evolución cultural que la suposición contraria de que la cultura y la evolución crean la razón. En cualquier caso, la idea de que, en determinado momento, surgió en la humanidad la posibilidad de establecer racionalmente el curso de su propio destino, desplazando así la incidencia de los procesos evolutivos, intenta simplemente sustituir una explicación científica por otra de carácter casi sobrenatural. La ciencia evidencia que no fue esa realidad psíquica que denominamos mente lo que originó la aparición del orden civilizado, y menos aún que, llegada a cierto grado de desarrollo, asumiera el control de su evolución futura. Lo que realmente sucedió fue que tanto la mente como la civilización alcanzaron simultáneamente su potencial actual. Eso que llamamos mente no es algo con lo que el individuo nace –como nace con un cerebro– ni algo que el cerebro produce, sino una dotación genética (p. ej. un cerebro con una estructura y un volumen determinados) que nos permite aprender de nuestra familia, y más tarde, en el entorno de los adultos, los resultados de una tradición que no se transmiten por vía genética. En este sentido, nuestra capacidad racional no consiste tanto en conocer el mundo y en interpretar las conquistas humanas, cuanto en ser capaces de controlar nuestros instintivos impulsos, logro que escapa a las posibilidades de la razón individual, puesto que sus efectos abarcan a todo el colectivo. Estructurada por el entorno en el que para cada sujeto transcurre la infancia y la pubertad, la mente va a su vez condicionando la preservación, desarrollo, riqueza y variedad de las tradiciones que otras mentes más tarde asimilarán. Al ser transmitidos en el contexto del entorno familiar, ese conjunto de hábitos queda sometido a la influencia de una pluralidad de condicionamientos morales a los que pueden ajustar su comportamiento quienes, ajenos a la colectividad en cuestión, se incorporan a ella más tarde. De ahí que pueda plantearse seriamente la cuestión de si alguien que no hubiese tenido la oportunidad de estar en contacto con algún modelo cultural habría podido acceder verdaderamente a la racionalidad.

Así como el instinto precedió a la costumbre y a  la tradición, así también estas últimas son anteriores a la  propia razón. Tanto desde el punto de vista lógico como desde el psicológico e histórico, la costumbre y la  tradición deben, pues, quedar ubicadas entre el instinto y la razón. No derivan de lo que solemos denominar «inconsciente»; no son fruto de la intuición, ni tampoco de la  aprehensión racional. Aunque en cierto modo se  basan en la experiencia –puesto que tomaron forma a lo largo de nuestra evolución cultural–, nada tienen que ver con algún comportamiento de tipo racional ni surgen porque se haya advertido conscientemente que los hechos evolucionaban de determinada manera. Aun cuando ajustemos nuestro comportamiento a los esquemas aprendidos, en innumerables ocasiones no sabemos por qué hacemos lo que hacemos. Las normas y usos aprendidos fueron progresivamente desplazando a nuestras instintivas predisposiciones, no porque los individuos llegaran a constatar racionalmente el carácter favorable de sus decisiones, sino porque fueron capaces de crear un orden de eficacia superior –hasta entonces por nadie imaginado– a cuyo amparo un mejor ensamblaje de los diversos comportamientos permitió finalmente –aun cuando ninguno de los actores lo advirtiera– potenciar la expansión demográfica del grupo en cuestión, en detrimento de los restantes.
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- Imagen retrato de Friedrich Hayek
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jueves, 31 de julio de 2014

Memoria extrema


por Eric Jaffe, 30 de julio 2014

En el escenario, el investigador de la memoria Henry L. Roediger, III, dijo dígitos al azar a un ritmo de uno cada 2 segundos. A unos metros a su izquierda, el atleta de la memoria, Nelson Dellis, sentado en una silla iba absorbiendo cada uno. Dellis encorvado, con las manos apretadas sobre sus ojos, su cara un poco roja por la intensidad. Más tarde, Roediger anunciaba el dígito número 100, Dellis se echó hacia atrás y le pidió un momento antes de sumergirse... Él iba a recitar todos los dígitos hasta el 100, de espaldas al público.
La gente guardó un sepulcral silencio anticipatorio.


Roediger y Dellis habían pasado la última hora revelando los secretos de la memoria mnemotécnica, como parte de la Bring the Family Address en la Convención Anual 2014 de la APS. Roediger, anterior Presidente de la APS y un científico psicológico en la Universidad de Washington en St. Louis, ha dado un giro a la investigación para prestar su atención a las espectaculares proezas de los memorizadores extremos. Dellis, tres veces campeón reinante de Memoria de EE.UU. le ayudó a demostrar a la gente cuán espectaculares son estas hazañas.

Las técnicas mnemónicas vuelven a los días cuando los antiguos griegos tenían que memorizar largos discursos, dijo Roediger. Más tarde, los romanos entrenaban a los esclavos brillantes, conocidos como graeculi o pequeños griegos, para que memorizaran las cosas para ellos. En el siglo XVI, el sacerdote jesuita Matteo Ricci, creó el llamado "palacio de la memoria", un espacio físico donde podía deambular por su mente y recuperar información, basándose en unas claves de recuperación espaciales.

Enlazar, marcar y viajar

Roediger habló de los tres favoritos convencionales entre las técnicas mnemotécnicas. Uno de ellos es el método de "enlace", que encadena una serie de imágenes que recuerdan los usuarios de un tema. Otro es el método de "marcar", que establece una serie de marcas mentales para "colgar" en la memoria. El recurso mnemónico más popular es el "viaje" o método "loci". En el espíritu de los palacios de la memoria de Ricci, los usuarios del método de viaje visionaban una ruta física que no podían olvidar, como un paseo por sus casas, e iban colocando cosas que deseaban recordar en diversos puntos a lo largo de ellas. Todas estas técnicas mnemónicas confían en el poder de las imágenes mentales o la visualización, la capacidad de imaginar objetos en espacios, lo que proporciona un potente impulso para recordar.

Roediger estudió por primera vez el poder de la mnemónica hace varias décadas. Él dio a los participantes del estudio tres listas de palabras para memorizar en orden usando una de las tres principales técnicas mnemócnicas. Los participantes de control no utilizaron la mnemónica para recordar las cinco palabras en orden. Los participantes que utilizaron el método de enlace los doblaron, y los que utilizaron los métodos loci y de marcar lo hicieron aún mejor, según informaba Roediger en una edición de 1980 del journal Experimental Psychology: Human Learning and Memory.

"Aquí, sin mucho esfuerzo, sin mucha práctica, demostramos que se recuerda mucho mejor utilizando técnicas sencillas en un entorno de laboratorio estándar," dijo. Él ahora se arrepiente de no haber seguido esta línea de trabajo en aquel momento.

Después de un largo paréntesis, Roediger se zambulló de nuevo en el mundo de la mnemónica. Él y sus colaboradores (David A. Balota, Kathleen B. McDermott y María PYC, de la APS, y todos sus colegas de la Universidad de Washington) reunieron recientemente a siete atletas de la memoria de nivel mundial (incluyendo a Dellis) en el laboratorio, para una serie de pruebas y compararon su rendimiento frente al de 15 “desafortunados” estudiantes universitarios. No era mucho de un partido. De una lista de 100 palabras ofrecidas con 2 segundos de diferencia, los atletas recordaron aproximadamente 70 y los controles unas 10. En una prueba sorpresa un día más tarde, los atletas consiguieron unas 50 palabras y los controles una o dos.

Roediger estaba impresionado por lo bien que estos atletas de memoria realizaban las más complejas tareas de memoria de trabajo. Estas tareas se hacen para evaluar el control atencional así como la memoria, donde estos atletas eran excelentes. Durante una tarea, la de "período de cómputo", los participantes tenían que indicar si una ecuación, como 5+4=9 era verdadero o falso al mismo tiempo que debían recordar el dígito del medio. En una serie de siete ensayos presentados a un ritmo rápido, los atletas consiguieron seis o siete correctos, y los controles solamente dos. Los atletas de memoria también lo hicieron igual de bien en otras tareas que implicaban el control mental y de combinados de colores y palabras.

"Así que el sello distintivo de ser un atleta de la memoria no es sólo tener una gran memoria, sino ser capaz de controlar su atención realmente bien", subrayó Roediger. "Además de utilizar estas técnicas mnemónicas, uno tiene realmente que ser capaz de concentrarse."

Con las cartas

Está claro que el enfoque no es un problema para Nelson Dellis. Él ha memorizado 310 dígitos consecutivos en 5 minutos y 193 nombres consecutivos en 15 minutos; con lo que mantiene el record de memoria, incluyendo record nacional de EE.UU. en memorizar una baraja de cartas barajadas en 63 segundos. (Lo primero que hizo en el escenario de la Convención APS fue recitar una baraja que Roediger había barajado antes del show.) Cual ávido montañero, Dellis decidió seguir la aventura de la intensa memorización después de ver a su abuela sufrir de la enfermedad de Alzheimer. Ahora dirige Climb for Memory, una organización benéfica cuyo objetivo es sensibilizar sobre dicha enfermedad.

Lo que intrigó a Dellis la primera vez que fue testigo de esas proezas de los atletas de la memoria fue que ninguno de ellas parecían ser naturales. Al contrario, dijo, todos los participantes en los eventos competitivos de memoria afirmaron haber mejorado su promedio de memoria mediante la formación y la práctica.

"Lo que yo hago no es más que lo que hacen todos estos atletas de memoria, seguir aprendiendo", declaró. "Antes no tenía esta habilidad. Leí un libro y practiqué mucho,  por eso que estoy aquí ".


Para Dellis, las dos claves para la memorización, son la visualización y el almacenamiento. La visualización consiste en utilizar una imagen increíblemente detallada para representar la información que desea recordar. Eso funciona mejor que simplemente tratar de memorizar una lista de números, según él, porque nuestras mentes evolucionaron para recordar con mucha más precisión las escenas.

Para el almacenamiento, Dellis se basa principalmente en la técnica mnemónica del "viaje". Para demostrar su poder, mostró al público una lista de 14 palabras en una pantalla durante un minuto, y luego preguntó si alguien podía recordarlas. Nadie se ofreció. Luego mostró una nueva lista de 14 palabras y se paseó entre la multitud a través de una especie de proceso usado por él para encerrarlo en su mente.

Dellis divide el escenario en siete localizaciones, cada una de las cuales se convierte en el hogar de un par de palabras. Los pares de palabras son adornados con imágenes muy detalladas. Así, la jirafa y el pie del podio se convertían en un enorme pie humano justo al lado del micrófono, con líneas de deriva hacia arriba desde los dedos de los pies. Después de que Dellis condujo a la audiencia a través de los siete lugares (sin tan siquiera dedicar un tiempo para la memorización directa) la multitud recitó las 14 palabras completamente sin ningún problema.

"¿Te vas a ir a casa esta noche y, por desgracia, no te vas a olvidar de estas palabras", dijo. "El mero hecho de haber hecho este proceso, de hacerlo tan visual y su almacenamiento en una forma en que usted sabe dónde están, ya puede usted cerrar los ojos y tanto la foto donde yo estaba, así como la capacidad de recordar esas palabras seguirán vivas durante mucho tiempo."

No fue hasta que las rondas de intervenciones terminaron, que Roediger desafió a Dellis a recordar los 100 dígitos. Usando su palacio de la memoria, Dellis dijo que iba a utilizar un hotel de Katmandú, donde se había alojado antes de escalar el monte Everest. La multitud se estremeció con una mezcla entre asombro y placer, mientras Dellis hacía su camino a través de la lista, mostrada en una pantalla detrás de él, a dos dígitos a la vez. Se perdió sólo dos números, tropezó con la imagen de Oscar de la Hoya comiendo una rebanada de pizza.

Eso le hizo sentir un poco decepcionado a Dellis, pero aún así hizo las cosas más memorable para el público. La usual capacidad de memoria estudiada por los psicólogos es de unos 7 objetos, la de Dellis era de 98.


- Fuente: Observer Vol.27, No.6 July/August, 2014 .
- Imagen.1. recreación ilustrada de Nelson Dellis.
- Imagen.2. Ilustración de escena mnemónica por National Geographic magazine.
- Vídeo: 2014 APS Bring the Family Address .
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domingo, 27 de julio de 2014

Virus que controlan nuestras bacterias intestinales


Referencia: NewScientist.com .
por Azeen Ghorayshi, 25 de julio 2014

Un nuevo virus descubierto podría estar al acecho entre las tripas de casi las tres cuartas partes de las personas de todo el mundo, lo que significa que es uno de los virus más omnipresentes que nunca se haya conocido.

Este virus se replica a través de la infección de una de las especies de bacterias comunes de nuestro intestino, es seis veces más abundante que los otros virus intestinales conocidos combinados. Su descubrimiento apoya la idea de que los virus pueden ser los maestros de marionetas de nuestros intestinos, regulando las rebosantes comunidades bacterianas que habitan en nuestra casa intestino.

"La idea es que los virus pueden controlar los niveles de bacterias del intestino, para asegurarse de que ningún tipo lleve la delantera", dice Bas Dutilh, del Centro Médico de la Universidad Radboud en Nijmegen, Holanda. "Los virus serían los encargados de mantener la biodiversidad dentro de nosotros."

El hecho de que el virus se haya descubierto en tantas personas diferentes, independientemente de donde vivan o lo que coman, refuta la creencia sostenida anteriormente de que la firma viral de cada persona es única, dice Dutilh.

La idea de que nuestra carga viral, conocida colectivamente como viroma, varía de persona a persona proviene de un estudio en 2010 que examinó las similitudes entre las bacterias intestinales de los gemelos. Se usaron los datos genómicos de muestras fecales, un buen indicador para inferir lo que está pasando más arriba del intestino, a partir de cuatro parejas de gemelos y sus madres, el estudio encontró que las bacterias intestinales residentes entre individuos que estaban estrechamente relacionados era mucho más parecida a la existente entre  individuos no relacionados. Las comunidades virales, por el contrario, parecían variar ampliamente, incluso entre los gemelos.

La materia oscura biológica

Pero existía una seria advertencia, sólo el 19 por ciento del viroma del grupo coincidía con alguno de nuestras bases de datos de virus conocidos. El resto, dice Dutilh, es como una caja negra, tanto por el gran número de virus desconocidos que andan por ahí y también por la rápida evolución viral, de la que ya sabemos. Esto es en cuanto se refiere al reino de la ‘materia oscura biológica’. "El resto fue ignorado porque no teníamos ni idea de lo que son o lo que hacen", añadió.

Dutilh y sus colaboradores de la Universidad Estatal de San Diego decidieron sumergirse de nuevo en los datos para ver si los participantes en el estudio compartían algo de esa materia oscura viral. Un virus, una especie que coloniza de bacterias, llamados bacteriófagos, estaba presente en las muestras de los 12 individuos.

Cuando los investigadores ampliaron su búsqueda para incluir todos los datos desde el Proyecto Microbioma Humano, un proyecto a gran escala para secuenciar el ADN de todos los microbios que viven en y sobre nuestros cuerpos, hallaron que ese mismo virus estaba presente en el 73 por ciento del total de 466 muestras fecales humanas. Le pusieron el pegadizo nombre de CrAssphage debido al software para ensamblar ADN que utilizaron para descubrirlo.

"Lo encontramos en muestras procedentes de Europa, Asia y EE.UU", señala Dutilh. "Una explicación es que ha estado con nosotros desde hace muchas generaciones, diseminado con la especie humana por todo el mundo. Pero también es posible que sea de alguna comida que se come en todas partes."

Maestro de marionetas

El equipo fue capaz de demostrar que el más probable anfitrión del CrAssphage sea la bacteria Bacteroides, una de las bacterias más comunes residente en los intestinos. La bacteroides se ve involucrada en enfermedades como la obesidad, la diabetes e incluso el cáncer colorrectal, lo que sugiere que el virus puede también tener un impacto en dichas enfermedades. Pero ya que pueden existir virus como el CrAssphage dentro de las bacterias de muchas formas, todavía no está claro cuál es el papel que desempeña.

Sea lo que sea, dice Dutilh, todo ello destaca la importancia del viroma como un mecanismo de control de un nivel más alto que las comunidades bacterianas. Esto podría ser aprovechado para una terapia de fagos personalizada, donde una serie de bacteriófagos especialmente diseñados pueden insertarse en el intestino con el propósito de matar o impulsar ciertas poblaciones bacterianas que han ido mal.

"Hace poco tiempo que los recientes avances tecnológicos han permitido iniciar el descubrimiento de la enorme diversidad que contiene el mundo viral", dice Alejandro Reyes, de la Universidad de Washington en St Louis, Missouri, que participó en el estudio de viromas en los gemelos. "Ahora el objetivo es entender qué papel juegan los virus en la comunidad microbiana intestinal que, dada su abundancia y diversidad, debe ser muy importante."

"El hecho de que el viroma haya sido pasado por alto desde hace 10 años es una evidencia desdeñada en la investigación del microbioma", comenta Dutilh. "La mayoría de la gente sólo se centran en las bacterias, pero los virus, e incluso los hongos, también existen. La interacción entre todas estas cosas y el intestino del huésped es lo realmente importante."


- Publicación: Nature Communications, DOI: 10.1038/ncomms5498 .
- Artículo "The super-abundant virus controlling your gut bacteria"
- Imagen: el nuevo CrAssphage es un tipo de bateriófago, como el de esta imagen  Getty Images/3DClinic.
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Juan de Mariana



- Biografía

Juan de Mariana fue uno de los destacados pensadores del Siglo de Oro español. Hijo ilegítimo de Juan Martínez de Mariana, deán de Talavera, nació en Puebla Nueva (Talavera) en 1536 y murió en Toledo en 1624. Desde muy joven destacó por su inteligencia y a los 17 años se inscribió en la Universidad de Alcalá, fundada por el Cardenal Cisneros. El primer día de enero de 1554, inmediatamente después de haber solicitado su ingreso, entró en la Compañía de Jesús, con Luis de Molina. Durante el noviciado estuvo bajo la tutela de Francisco de Borja, con quien se compenetró enseguida. Terminado el noviciado y su periodo de formación en Alcalá, la Compañía lo envíó a enseñar en el Colegio Romano, para donde partió a principios de 1561. Cuatro años más tarde marchó a Loreto y de allí a Sicilia. Pasó ocho años en Italia, desde donde se trasladó a París, en 1569, para enseñar en la Universidad de La Sorbona. Allí se doctoró. Sus enseñanzas teológicas de la Suma de Santo Tomás en la universidad parisina le reportaron merecida fama de orador, y, en vista de su sabiduría, a sus clases asistía siempre una gran cantidad de estudiantes.

En 1572 Mariana vivió en primera persona la Matanza de París y quedó hondamente impresionado por el uso violento que se hizo de la religión con fines políticos. Dos años más tarde, al morir el rey de Francia, que había provocado la masacre de los hugonotes, el P. Mariana obtenía la aceptación de su dimisión de la Cátedra de Teología. Ese mismo año, 1574, regresó a España por Flandes, y se instaló en un convento de jesuitas en Toledo. A partir de entonces, el P. Mariana se dedicó al ministerio sacerdotal y a escribir obras de encargo. Simultáneamente comenzó una silenciosa labor investigadora sobre numerosos temas históricos, políticos y económicos, que no comenzó a publicar hasta una década y media más adelante.

En 1579 se convirtió en censor de la Biblia Políglota o Regia de Arias Montano, y sorprendió a todos con un dictamen favorable. La fundamentación lingüística y teológica de su dictamen hizo que, a partir de entonces y hasta fin de siglo, no cesaran de encargarle la censura de un sinfín de obras. A mediados de la década de los 80, su amigo García Loaysa fue nombrado preceptor del príncipe Felipe, después Felipe III. Desde entonces Mariana y Loaysa mantuvieron una frecuente comunicación, en la que compartían sus ideas sobre los conocimientos que debía adquirir el príncipe.

- Pensamiento

De rebus Hispaniae, publicada en 1592, es la primera obra que Mariana publicó por voluntad propia. Es también la primera Historia de España, única durante más de dos siglos y medio. En esa misma década de los 90 comenzó a estudiar cuestiones monetarias. En 1598, su gran amigo García de Loaysa fue nombrado Arzobispo de Toledo y le pidió a Mariana que continuara siendo su mentor. Las esperanzas que Mariana albergaba sobre la evolución positiva de los hechos se esfumaron pronto. Ese mismo año, tras un largo calvario, murió Felipe II; al año siguiente falleció inesperadamente el propio Loaysa. El último año del siglo XVI el talaverano publicó tres libros, en los que llevaba varios años trabajando.

Al que más tiempo le dedicó fue al compendio de las obras de San Isidoro, que, de no haber sido por el tamaño del proyecto, habría sido una más de las muchas obras de encargo que realizó. A su lado está De ponderibus et mensuris, obra en la que trabajó durante los últimos años de su vida. La trilogía se completa con De rege et regis institutione, un libro para la educación del príncipe, elaborado durante los primeros años en los que Loaysa fue el responsable de la educación del futuro rey. Al contrario que Maquiavelo o Bodino, Mariana dedica la mayor parte de esta obra a establecer límites claros al poder político. En ella explica, siguiendo la tradición artistotelicotomista, que la sociedad es anterior al poder político y que, por lo tanto, aquélla puede recuperar sus derechos originales, si el Gobierno no le es de utilidad. Además, desarrolla la doctrina del tiranicidio, extensamente aceptada entre los autores escolásticos, ampliando el derecho de matar al tirano a un individuo cualquiera.

Una década más tarde se publica en Colonia su Septem tractatus, cuya cuarta parte es su famoso De Monetae mutatione, De la alteración de la moneda. Con esta obra el Padre Mariana concluía sus investigaciones monetarias. En ella hace una dura denuncia de robo contra aquellos gobernantes que usaban el recurso que hoy llamaríamos inflación para financiar los gastos del Estado. Mariana no sólo explica la nefasta procedencia de esta política económica, sino que la denuncia como una aberración desde el punto de vista del derecho.

Nada más publicarse la obra, el Padre Mariana es denunciado, encerrado y enjuiciado en un proceso impulsado por el propio rey y su valido, el Duque de Lerma. A los 73 años, después de esperar un final tranquilo, gracias a los servicios prestados a diversas instituciones de España, el jesuita se ve solo y necesitado de defensa frente a los catorce delitos de los que fue acusado por el fiscal Gil de Mota. Debido a su ferviente pasión por lo que consideraba lo verdadero y lo justo, nunca se retractó de lo que escribió en ese libro, a pesar de las graves acusaciones que contra él se vertieron. Después de año y medio de ser llevado cautivo al convento de San Francisco el Grande de Madrid, Mariana salió libre, pero sin que aun se conozca resolución alguna.

A pesar de no haber sido condenado, no le quedaron ganas de volver a escribir sobre asuntos de carácter político o social. Desde entonces se dedicó a la reedición de sus obras y a la publicación de otras nuevas, de carácter erudito y teológico. Vivió hasta los ochenta y ocho años, lo que le permitió ver cómo sus enemigos pagaban en vida las fechorías que habían cometido contra él y contra el pueblo español. En 1624 murió en Toledo. Entonces su vida era ya un ejemplo para jóvenes literatos y científicos españoles, por su valentía y su defensa de la libertad. Entre sus seguidores figuran grandes hombres y escritores, como Francisco de Quevedo y Villegas, Lope de Vega, y Tamayo y Vargas.

Obras principales

1581 Manual para la administración de los sacramentos

1586 De rebus Hispaniae

1599 Edición Grial de las Obras de San Isidoro

1599 De ponderibus mensuris

1599 De rege et regis institutione

1600 Epítome de la biblioteca de Focio

1607 El cronicón de Luca de Tuy

1609 Septem tractatus

- UFM Universidad Francisco Marroquín .
- Instituto Juan de Mariana .
- Cuadro cronológico .
- Imágenes de Sitio Escolástico .




Nuevos caminos cerebrales para comprender la diabetes tipo 2 y la obesidad


Referencia: ScienceDaily.com, 25 de julio 2014

Investigadores de UT Southwestern Medical Center han identificado unas vías neurales que permiten comprender mejor cómo el cerebro regula el peso corporal, el gasto de energía y los niveles de glucosa en sangre. Este descubrimiento puede conducir a nuevas terapias para el tratamiento de la diabetes tipo 2 y la obesidad.

El estudio, publicado en la revista Nature Neuroscience, descubrió que 4 receptores de melanocortina (MC4Rs), expresados por las neuronas que controlan el sistema nervioso autónomo son clave en la regulación del metabolismo de la glucosa y el gasto de energía, explicaba el autor principal, el Dr. Joel Elmquist, Director de la División de Investigación hipotalámica, y profesor de Medicina Interna, Farmacología y Psiquiatría.

"Anteriormente, varios estudios ya habían demostrado que los MC4Rs son reguladores clave en el gasto de energía y la homeostasis de la glucosa, pero no quedaban claras las claves neuronales necesarias que regulan estas respuestas", indicó el doctor Elmquist, quien ocupa la cátedra Carl H. Westcott en Investigación Médica. "En el actual estudio, se encontró que la expresión de estos receptores a través de las neuronas que controlan el sistema nervioso simpático, parecen ser los principales reguladores del metabolismo. En particular, estas células regulan los niveles de glucosa en sangre y la capacidad de convertir la grasa blanca en 'marrón o beige'."

El uso de modelos de ratones, el equipo de investigadores,
Los doctores y co-autores Dr. Eric Berglund, profesor de Advanced Imaging Research Center and Pharmacology, y el Dr. Tiemin Liu, investigador postdoctoral en medicina interna, eliminaron los MC4Rs de las neuronas que controla la sistema nervioso simpático. Esta manipulación redujo el gasto de energía y, posteriormente, causó la obesidad y la diabetes en los ratones. El hallazgo demuestra que se requieren los MC4Rs para regular el metabolismo de la glucosa, del gasto energético y del peso corporal, además de una respuesta termogénica a la dieta y la exposición al frío.

La comprensión al detalle de esta vía puede ser una clave para la identificación de los procesos exactos en los que la diabetes tipo 2 y la obesidad se desarrollan de forma independiente uno de otra. En 2006, el Dr. Elmquist colaboró ​​con el Dr. Brad Lowell y su equipo de la Escuela de Medicina de Harvard, para descubrir que los MC4Rs en otras regiones del cerebro controlan la ingesta de alimentos, pero no el gasto de energía.

La Asociación Americana de Diabetes tiene catalogada la diabetes tipo 2 como la forma más común de diabetes. Esta enfermedad se caracteriza por altos niveles de glucosa en la sangre, causados ​​por la falta de insulina o por incapacidad del cuerpo para utilizar la insulina de manera eficiente, y la obesidad es una de las causas más comunes. Los estudios futuros por el equipo del Dr. Elmquist examinarán cómo los receptores de melanocortina pueden llevar a la coloración “beis” del tejido adiposo blanco, un proceso que convierte tejido adiposo blanco en marrón, disponible para quemar energía.


- Fuente: UT Southwestern Medical Center.
- Publicación: Eric D Berglund, Tiemin Liu, Xingxing Kong, Jong-Woo Sohn, Linh Vong, Zhuo Deng, Charlotte E Lee, Syann Lee, Kevin W Williams, David P Olson, Philipp E Scherer, Bradford B Lowell, Joel K Elmquist. Melanocortin 4 receptors in autonomic neurons regulate thermogenesis and glycemia. Nature Neuroscience, 2014; 17 (7): 911 DOI: 10.1038/nn.3737.
- Imagen: Dr. Joel Elmquist, en Southwestern Medial Center
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